Discurso Claustro de Profesores 2012
I
Esta mañana saludo con mucho gusto a todas las profesoras, profesores y directores del campus Ciudad de México. Muchas gracias al Rector José Manuel Núñez Pliego y a quienes han trabajado tan cuidadosamente en los preparativos de este tradicional encuentro anual. Gracias a todos por su presencia, para mi es un honor esta oportunidad de dirigirme a ustedes.
A lo largo de las décadas, he colaborado junto con muchos de ustedes, tuve el honor de compartir afanes y tareas con nuestro querido Carlos Llano, quien recibió de San Josemaría la inspiración de la Misión Institucional que anima nuestras tareas cotidianas, dándoles el impulso que aún ahora sigue presente como clara directriz del rumbo que debemos seguir, así he sido testigo de los grandes avances que en la Universidad Panamericana hemos ido consiguiendo inspirados y guiados por nuestra Misión Institucional que consiste en; educar personas para que, por medio del estudio, el diálogo y la reflexión, busquen la verdad y se comprometan con ella, de manera que por la acción eficaz de los profesores, nuestros egresados, al trabajar con sentido de excelencia contribuyan a la generación de riquezas y a la vivencia real de la justicia social en nuestro país.
La reflexión sobre nuestra Misión Institucional hunde sus raíces en la conciencia cada vez más clara, cada vez más evidente, de las profundas implicaciones del humanismo cristiano; de manera que seamos capaces de concretar en nuestro trabajo de todos los días; en las actividades académicas, administrativas y de gobierno propias de la vida universitaria, que las personas, nuestros alumnos y colegas, son destinatarios naturales y primeros de toda nuestra labor. Ser universitarios exige de nosotros ser humanistas, y el humanismo cristiano a todos nos reconoce como servidores recíprocos; esto quiere decir, como colaboradores en la realización de nuestra Misión Institucional.
Así, desde esta perspectiva trascendente, nuestro trabajo en la universidad adquiere una renovada ilusión, a la que San Josemaría se refería en su libro “Es Cristo que pasa” con estas palabras: Es hora de que los cristianos digamos muy alto que el trabajo es un don de Dios, y que no tiene ningún sentido dividir a los hombres en diversas categorías según los tipos de trabajo, considerando unas tareas más nobles que otras. El trabajo, todo trabajo, es testimonio de la dignidad del hombre…
Durante las sesiones que están preparadas en este claustro, dedicaremos tiempo a las reflexiones que nos compartirá el Dr. Jesús Arturo Picos Moreno, en torno de la continuidad y de la fidelidad con que Carlos Llano supo concretar la Visión que San Josemaría le transmitió respecto de la necesidad de iniciar y desarrollar nuestra universidad, esa visión está plasmada hoy en nuestros documentos institucionales, a saber; ser la universidad con el mayor rigor científico y la máxima exigencia académica en la generación y transmisión de conocimientos, con fundamento en una clara postura ética mediante la defensa y difusión del amor a la verdad, a la libertad y a la justicia, siempre con base en un trato digno y personal.
El año próximo estaremos de fiesta, nuestra querida universidad cumplirá 45 años. Sin lugar a dudas han cambiado muchas cosas al interior de nuestra institución y en el entorno nacional y mundial, por ello es necesario que al tiempo de reflexionar en este claustro sobre nuestra Misión y Visión, advirtamos los riesgos y desafíos que hoy están presentes, exigiendo de nosotros como profesores y directivos un compromiso profesional decidido con la formación de los alumnos, en el marco del respeto a la dignidad humana y la promoción del bien común.
II
Desde luego, podríamos hacer una extensa y bien detallada lista de los factores de riesgo que afectan hoy al mundo, a los que la universidad no es ni debe ser ajena; hoy me referiré a 4 que a mi modo de ver exigen de nosotros como académicos atención puntual: la globalización, los avances en las tecnologías de comunicación, la incidencia de los mercados financieros en la economía y los cambios culturales que incorporan el relativismo moral y el egoísmo.
Sin lugar a dudas, cada uno de estos factores, unidos o en conjunto, han contribuido a la configuración del mundo actual, sin embargo, también es importante destacar los aspectos negativos que les son atribuibles y que deben llamar nuestra atención, precisamente porque es nuestro deber advertirlos en la complejidad de sus luces y sombras para formar a los jóvenes que acuden a nuestras aulas no con la ingenuidad del profesor que repite lecciones aprendidas sin actualizarlas, ni con el oportunismo de quien entiende el ejercicio profesional como una mercancía, siendo lo útil de mayor relevancia que lo importante, sino con el realismo del profesor que advierte el carácter trascendente de su trabajo profesional bien hecho, contribuyendo a la formación de personas jóvenes y, por tanto, susceptibles de ser formadas y modeladas en su personalidad y en sus anhelos.
De manera breve me referiré a cada uno de estos factores de riesgo del tiempo que nos toca vivir:
- La globalización supone un proceso acelerado de interconectividad social que ha puesto al alcance de millones de personas bienes y servicios que antes les eran inimaginables; sin embargo, esta masificación de la producción de bienes ha traído una mayor desigualdad social, haciendo evidente la fragilidad de los sistemas y las instituciones jurídicas nacionales y mundiales para hacer frente al fenómeno de la corrupción, de la concentración de la riqueza en pocas manos y de la abrumadora pobreza en diversos segmentos de la geografía planetaria.
Por asombroso que resulte, al tiempo que hoy como nunca existe sobreproducción y oferta de bienes y servicios, también hoy esos mismos bienes son inalcanzables para miles y millones de personas, precisamente porque la globalización no ha sido acompañada de la justicia social, esto es, de los ajustes institucionales nacionales y mundiales, necesarios para favorecer la movilidad laboral y la equidad salarial que garantice a todas las personas la posibilidad de acceder a un trabajo digno y una remuneración justa, de esta manera la globalización ha acercado a los habitantes del planeta, y al mismo tiempo los aleja en cuanto a sus posibilidades reales de consumo y calidad de vida; así, la sobreabundancia de mercancías puede ser signo de un gran bien, pero también de un gran mal.
- Por lo que toca a los avances en las tecnologías de comunicación, es de señalar en nuestro tiempo, los grandes cambios en el modo de concebir las relaciones humanas y, desde luego, los negocios, ahora favorecidos por el extraordinario vehículo que supone el uso generalizado del internet; permitiendo contactos y redes colaborativas entre personas de todo el mundo, ubicadas a miles de kilómetros de distancia que entran en comunicación en fracciones de segundos. La velocidad a la que viaja la información no deja tiempo para la serena reflexión; todo urge y, ciertamente, no todo es importante.
Como usuarios de estas tecnologías exigimos la satisfacción inmediata de cualquier necesidad, el fenómeno de las así llamadas redes sociales de gran impacto entre los jóvenes, impone modas, estilos de vida y preferencias cambiantes, frecuentemente sin sentido y sin compromiso; como usuarios, permanentemente somos bombardeados por información y ofertas de opciones, dificultándonos tomar decisiones acertadas por la premura y la sobreabundancia.
El ritmo vertiginoso que vivimos excede con mucho las posibilidades de estar informados, la velocidad y superficialidad con que viajan los mensajes nos proveen de datos, impidiéndonos por la dinámica de la actualización en verdad profundizar sobre los contenidos que recibimos, se está imponiendo así una forma de mirar el mundo y lo que acontece con relativa indiferencia, precisamente porque todo pasa demasiado rápido, siendo el cambio la constante para que podamos tomar conciencia; de manera que estamos migrando del asombro a la indiferencia, y por esta vía con facilidad la capacidad de reflexión, de crítica y autocrítica se adormece.
- La incidencia de los mercados financieros en la economía de los países, está transformando la visión mundial en la forma de hacer negocios, entender las utilidades, y la generación de riquezas separadas del trabajo y de la ineludible responsabilidad social de los empresarios; mujeres y hombres de negocios en todo el mundo que deben respetar y promover la dignidad de los trabajadores y su derecho a una vida digna para ellos mismos y sus familias. Hoy, sin embargo, la especulación financiera, hace posible el traslado y la migración de capitales en fracción de segundos hacia condiciones fiscales más favorables, en consecuencia se generan utilidades no necesariamente vinculadas a la producción empresarial real de bienes y servicios, esas utilidades en ocasiones no son repartidas, fomentando así la avaricia y el enriquecimiento de los operarios financieros, ajenos o distantes a los directores de empresas y los trabajadores.
Las frecuentes y recurrentes crisis financieras de impacto mundial y que tienen al borde de la quiebra a algunos países de Europa, hacen evidente la necesidad de un reposicionamiento ético de la dinámica del mercado y del modo en como se conciben hoy los negocios, al tiempo que es indispensable el rediseño de mecanismos jurídicos, regulatorios y contenciosos que ante los nuevos escenarios eviten la fractura o desvinculación entre el trabajo, el capital y las utilidades.
El trabajo, como natural actividad humana para garantizar la subsistencia y contribuir a la edificación del mundo, no debe mirarse como mercancía, es el orden mundial y la humanidad misma lo que está en juego, como enfáticamente ha venido sosteniendo el Papa Benedicto XVI, en unión con la Doctrina Social de la Iglesia; de manera que el solo juego de las monedas y el intercambio de las mismas, ignorando los derechos del trabajador y el trabajo mismo, deben ser comprendidos y contenidos dentro de claros límites éticos que devuelvan la certeza a los ahorradores respecto de su patrimonio y recuperen la confianza ciudadana respecto de la administración del patrimonio común por parte del Estado.
- Los cambios culturales que incorporan el relativismo moral y el utilitarismo al estilo de vida de las mujeres y los hombres de nuestro tiempo, no son ajenos a la reflexión que en la universidad, y desde ella misma, hemos de generar para formar a nuestros alumnos en sólidos principios antropológicos e influir desde la cultura al reposicionamiento del ser humano y su dignidad trascendente como centralidad de todos las actividades humanas, desde los ámbitos domésticos hasta las acciones de las autoridades y del gobierno.
Hoy, como consecuencia de las influencias a que me he referido, de manera sutil y casi sin advertirlo se filtran preferentemente entre los jóvenes mensajes aparentemente verdaderos sobre la sexualidad, el consumo de drogas y el deseo de descanso y diversión que contienen graves distorsiones morales y de riesgo para su salud, desde luego, el primer impacto destructor se resiente en el seno de las familias; así, el respeto y el amor como premisas elementales de las relaciones humanas se ven amenazados por el egoísmo disfrazado de derecho y por la irresponsabilidad disfrazada de libertad.
El núcleo fundamental del orden social que es la familia, atraviesa hoy por una grave crisis de identidad que hiere las posibilidades futuras de los jóvenes, y con ellos del mundo que está por venir; no solo porque muchos han vivido y provienen de hogares disfuncionales, sino porque la posibilidad de formar una familia, con el compromiso, sacrificio y entrega que supone, se presenta para ellos como carga pesada de una estructura obsoleta, un lastre del que se debe huir; no advierten ni valoran la familia como el natural espacio de la realización humana. Ante este panorama, el trabajo universitario adquiere, si se me permite, mayor relevancia, y como ha ocurrido a lo largo de la historia, corresponde a la universidad formar a las mujeres y los hombres que habrán de encarar los retos del mundo, y contribuir a rectificar o definir el rumbo del progreso y desarrollo; por esa misión perenne es que tiene mucho sentido que en esta casa de estudios nos demos el tiempo, en el contexto de este claustro anual y a lo largo de la dinámica diaria, para repensar nuestro trabajo encontrando las formas de mejorarlo y actualizarlo. Las reflexiones que les he compartido, desde luego constituyen un material de análisis sobre el que siempre podremos profundizar aún más y sacar consecuencias para nuestra vida de todos los días en la universidad, de manera que, si es del interés de algunos de ustedes, este documento estará a disposición de todos en nuestra página web.
III
Precisamente a estos deseos de mejora obedecen los cambios en el modelo educativo que ahora nos inspiran; se trata de un ambicioso reto que consiste en hacer mayormente incisiva la atención personalizada a cada alumno, al tiempo que se potencia al máximo el proyecto de desarrollo y las capacidades de cada joven que se forma en nuestras aulas. Como profesores hemos de procurar asumir un rol de guía y acompañamiento en el proceso personal de crecimiento de cada alumno, se trata de ayudarlos a descubrir sus talentos y de ilusionarlos en ponerlos al servicio de los demás, contribuyendo con ello al bien común.
Para encarar con éxito el reto de nuestro nuevo modelo educativo, es necesario que como profesores nos concedamos la posibilidad de aprender nuevas formas didácticas, superar el modelo de la cátedra tradicional e incorporar a nuestras habilidades docentes el dominio de nuevas tecnologías como instrumentos indispensables en la dinámica de las actividades de enseñanza y aprendizaje significativo.
Como es obvio, el cambio en nuestro modelo educativo trasciende a toda la organización, nos interesa crecer con orden y en sinergia con todos los campi, somos una sola universidad cuyo desarrollo admite los ritmos y acompañamientos diferenciados de todo organismo vivo, por ello estamos dando pasos significativos en la sistematización y homologación de nuestras políticas y procedimientos organizacionales; cada vez nos convencemos más de las ventajas que tiene avanzar bajo criterios claros de operación que racionalicen el uso de los recursos al tiempo de ofrecernos garantías en la toma de las mejores decisiones.
Bajo esta perspectiva, la calidad y excelencia en el servicio que prestamos a los jóvenes que formamos, y en definitiva a México, nos motiva en un deseo constante por ser y estar entre las mejores universidades, así se entiende que por tercera ocasión estamos en vísperas de recibir la visita de verificación del Autoestudio para obtener la acreditación institucional de la FIMPES en los campi México y Guadalajara, nuestro propósito es ratificar la que actualmente tenemos, la lisa y llana. Queremos seguir avanzando con la seriedad y calidad que han consolidado el buen nombre de que goza nuestra universidad. Tengo entendido que la Dra. María del Carmen Platas Pacheco, en la sesión de Planeación Estratégica se referirá con detalle a las etapas que aún nos faltan dentro de este proceso.
Fieles a nuestra Visión Institucional nos proponemos conservar las certificaciones que hemos obtenido en los programas de licenciatura que integran nuestra oferta educativa, al tiempo que fortalecemos los convenios internacionales con otras instituciones y la vinculación entre la universidad y la empresa, precisamente para que nuestros alumnos y egresados contribuyan con su bien ser y hacer profesional a la generación de la riqueza y al equilibrio social.
Nos llena de orgullo que hoy sean ya 50 los profesores nuestros, en los tres campi miembros del Sistema Nacional de Investigadores, queremos influir en la sociedad y una manera natural es por los aportes que en el ámbito de la ciencia y la cultura puedan lograr, de esta manera la universidad se enriquece por sus hallazgos y los alumnos se forman en los hábitos intelectuales y las disposiciones necesarias para el estudio, la serena reflexión y el intercambio colaborativo de las comunidades académicas tan propio de la vida universitaria.
IV
Quiero terminar estas reflexiones, haciendo puntual referencia a dos aspectos que considero como las dos caras de la moneda del trabajo realizado con sentido de excelencia, me refiero a la unidad y al sentido de compromiso como características distintivas de nuestro modo de vivir y hacer la universidad.
La unidad es fortaleza en la estructura de toda organización, en la medida en que somos capaces de superar los naturales puntos de vista divergentes y avanzar hacia la visión compartida respecto del mejor modo de alcanzar los objetivos propuestos, así fortalecemos el sentido de pertenencia que nos anima y que permite sentirnos orgullosos de los logros alcanzados.
Trabajar con sentido de unidad exige una gran dosis de humildad, para reconocer que lo propio de la universidad, es el trabajo colaborativo, medio natural para alcanzar las metas compartidas, de manera que el lucimiento personal debe evitarse precisamente porque las tareas y responsabilidades son compartidas y con mucho exceden las posibilidades de quien en solitario camina, si lo miramos con cuidado, el conjunto de actividades en servicio de los alumnos que todos nosotros tenemos entre manos, al final darán como resultado esos jóvenes formados en ciencia y conciencia que sin lugar a dudas harán la diferencia, como personas íntegras y eficaces para la construcción del mejor país en que queremos vivir; todos los profesores, hemos de llenarnos de orgullo con cada generación que se gradúa, en la medida de nuestra responsabilidad, hemos contribuido al resultado.
El otro aspecto al que me refería es el sentido de compromiso que debe animar nuestro trabajo diario, al inicio de esta intervención decía que el próximo año nuestra universidad celebrará su cuadragésimo quinto aniversario, una trayectoria institucional que casi alcanza el medio siglo, es elocuente respecto del enorme compromiso por superar las adversidades y ser fieles a nuestros principios institucionales que animando a todos los que han hecho posible este logro.
Trabajar con sentido de compromiso es asumir en lo profundo de nuestras convicciones que el logro de los objetivos institucionales es también personal, depende de cada uno de nosotros en cada tarea y labor encomendada hacer bien o mal la parte que nos toca, y con ese pequeño deber, bien cumplido, estamos realizando acciones que nos comprometen en el resultado final, llenando nuestras vidas de ilusión por seguir avanzando y llegar a mas.
San Josemaría dejó escrito en el punto 755 de “Camino” una reflexión que quiero compartirles y que bien puede sintetizar estas dos cualidades a las que me he referido unidad y compromiso:
De que tú y yo nos portemos como Dios quiere —no lo olvides— dependen muchas cosas grandes.
Muchas gracias
Alfonso Bolio Arciniega
Rector General UP-IPADE