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Opinion - Conoce a nuestros investigadores: Pedro Juan Fernández Cueto y la investigación en el siglo XXI

Conoce a nuestros investigadores: Pedro Juan Fernández Cueto y la investigación en el siglo XXI

Platicamos con Pedro Juan Fernández que acaba de defender su tesis de Maestría sobre dos aspectos muy concretos del quehacer jurídico de San Josemaría Escrivá de Balaguer. Sabemos que el Internet es una ayuda poderosa y sabemos que hizo su tesis prácticamente en su totalidad usando este medio, ¿qué nos puede decir?.

 

Cuando me planteé trabajar en una tesis para obtener un grado de Maestría, lo primero que me vino a la cabeza fue trabajar en las fuentes a consultar.

 

El tema que tenía pensado estaba muy claro en el concepto, pero había que saber dónde encontrar las fuentes. Por tratarse de un tema tan específico, no era fácil encontrar un acervo físico sobre las fuentes documentales, por lo que empecé a buscar en Internet y para mi grata sorpresa encontré documentos que jamás imaginé hacerlo por este medio, como por ejemplo, un documento de la Santa Sede que prohibe a los clérigos ejercer el comercio: ahí lo tenía en la pantalla y en latín, lo cual supuso otro reto para mí, pues no hablo esa lengua.

 

Quisimos saber si de entre todo lo que buscó encontró un lugar donde hubiera mucho de lo que buscaba y nos dijo que la Universidad de Navarra, su biblioteca en particular, ha hecho un trabajo notable de digitalizar muchos textos que a la larga fueron claves para la redacción de lo que trabajaba.

 

Muchas lecciones le dejó este ejercicio; le pedimos que nos enumerara algunas, las más importantes en su opinión.

 

Primero, nos dice, cuando se quiere hacer algo y se tiene claro el concepto a investigar, entonces la búsqueda se facilita, por ello insisto en que es clave tener no lo más claro, sino totalmente claro el tema que se va a trabajar y por tanto a investigar, porque si hay un resquicio de duda, entonces la investigación se vuelve un plano tan empinado que difícilmente se pueda coronar la cima, pues existe tanta información que es obligado ser totalmente selectivo y saber que en el camino saldrán temas interesantísimos, pero que no tienen que ver directamente con el trabajo a realizar, por ello hay que dejarlo, olvidarse de ello y terminado el trabajo, si se quiere, volver a él, de lo contrario es más que fácil perderse en una selva llena de información muy buena, útil, pero innecesaria para el trabajo que se pretende. 

 

La segunda lección es que cuando se quiere hacer investigación de calidad, se puede: hay que ser selectivos con los sitios que se visitan para obtener información y de ahí armar la estructura de la tesis. Hoy una ficha trabajada en computadora ayuda a copiar y pegar el texto que interesa, cosa que con el método tradicional obliga a transcribir, así que por esta vía me ahorré un paso que a la larga supuso muchas horas ahorradas.

 

La tercera lección es que si no encuentras a la primera lo que buscas, tengas la voluntad de intentarlo las veces que sean necesarias hasta dar con ella. Eso me pasó con el documento que menciono arriba sobre la prohibición de ejercer el comercio. Me tardé bastante, pero ese tiempo me enseñó a acotar las búsquedas, por lo que las siguientes eran mucho más rápido y fácil de encontrar, lo cual me lleva a la cuarta lección, que consiste en que la investigación me obligó a trabajar con orden primero en mí cabeza: hasta no terminar un tema, no pasar al siguiente y eso es más que útil, porque aprendes a trabajar metódicamente, con un rigor mental indispensable y te hace, sin quererlo, experto en Internet, pues como dije, aprendes a acotar las búsquedas y el resultado es magnífico.

 

La última lección es que al acceder a tan variado tipo de autores y documentos, aprendes un estilo de redacción que en lo personal me gustó mucho: sin dejar el rigor científico de la investigación y aunque el documento final se dirige a un público especializado, aprendes a acercar de alguna forma lo que escribes y a hacerlo de un modo más difusivo, menos selectivo, pues ves que lo que escribes puede servir a más gente, en mi caso, incluso a no abogados.

Al preguntarle el número de obras consultadas nos dice que pudieran sonar a muchas, pero teniendo en cuenta que se obtuvieron de Internet y se aprendió a acotar la búsqueda, hablar de 96 obras, incluidas las fuentes como los códigos y demás documentos de carácter legislativo y efectivamente asentarlas en el documento final, puede parecer que es mucho, pero repasando y decantando el trabajo con poco tiempo a ojos vista, debo decir que pude citar todavía más fuentes, si no lo hice fue por lo que apuntaba al principio: ser selectivos.

 

La última lección es que para quien diga que no puede trabajar porque no tiene acceso físico a las fuentes, lo invito a replantear su actitud y ver si con Internet no puede hacer algo digno.

 

Cito como ejemplos los siguientes que ayudan: Google Books, bibliotecas universitarias que si bien quizá no tengan todo digitalizado, tienen bastante más de lo que podría esperarse de primer intento y luego está la comunidad de amigos investigadores que siempre ayudan a dar con un texto en búsqueda, bien porque ellos mismos lo tienen en su computadora, o bien porque conocen la ruta y la comparten.

 

Con lo anterior no digo que no sea fácil ni laborioso trabajar así, claro que cuesta trabajo y se invierte tiempo, pero el resultado es que sin tener acceso físico a un acervo bibliográfico, el resultado es el mismo y me atreverá a decir que con un plus: se logra el objetivo en menos tiempo, por lo que animo de verdad a aquellos que afirmen que les es imposible trabajar en esto por las razones mencionadas a que hagan el intento y se sorprenderán del resultado.