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Opinion - A TREINTA AÑOS DE DISTANCIA; LA META ES LA RESILENCIA

A TREINTA AÑOS DE DISTANCIA; LA META ES LA RESILENCIA

Por: 
MIGUEL ÁNGEL LUGO GALICIA

Sábado 19 de septiembre de 2015. Treinta años de distancia respecto a la mañana del jueves 19 de septiembre de 1985, a las 7:19 horas, mañana en la que la mayoría de las personas que vimos en la ciudad de México, que pasamos de los 40 años, tuvimos alguna vivencia amarga.

 

Desde luego, seguimos con el trauma al día siguiente, viernes 20, con la réplica del sismo principal de 8.2 grados que destrozó muchos edificios, calles y mató a  3000, 12,500, 20000 personas... Las que hayan sido. No me meto en polémica sobre cifra de muertos.

 

Sin señalar cuál fue la vivencia más dramática, la de Tlatelolco, los topos, las costureras de San Antonio Abad, el hotel Regis, etc., ningún relato carece de valor y es digno de tomarse en consideración para no olvidar lo que ocasiona la falta de planeación frente a los sismos y otros desastres naturales que amenazan constantemente a la ciudad de México y a otros centros urbanos.

 

Ese perene recordatorio lo debemos de transmitir a los niños y a los jóvenes que no vivieron esa mañana, que no saben lo que sentimos en momentos de desolación y angustia, pero que deben estar preparados para que no se produzcan  muchas muertes y pérdidas materiales como las que tuvimos en 1985.

 

Y más allá de los recuerdos, de las anécdotas lúgubres, lo importante es la preparación para los posibles siniestros que puedan ocurrir, que obligan a las autoridades y a los particulares, en labor conjunta, a estar preparados  para lograr una evacuación inmediata de edificios públicos y privados, así como de lugares o espacios que se puedan ver amenazados por deslaves o inundaciones.

 

Esa obligación conlleva a tener información de primera mano, incluso con aplicaciones electrónicas, para saber de manera casi inmediata, qué hacer en una emergencia en donde los segundos y minutos son valiosos.

 

Ya no hay disculpas para cometer tantos errores y exhibir descoordinación gubernamental, como en 1985. Las secretarías o direcciones de Protección Civil, suponemos, llevan la coordinación institucional y supervisan que no haya informes contradictorios entre una secretaría y otra, entre una dirección y otra… Nos mencionan en cada informe sus avances, sus comunicaciones, cursos de capacitación en protección civil y muchas actividades que nos permiten  pensar que vamos bien en dos tareas prioritarias.

 

REDUCIR EL NÚMERO DE MUERTES POR DESASTRES NATURALES.

REDUCIR EL NÚMERO DE PÉRDIDAS MATERIALES.

 

La necesidad de lograr estos dos objetivos va configurando la llamada resilencia de las ciudades y otros centros de población. En términos de políticas públicas, el objetivo es lograr que las ciudades más vulnerables a riesgos naturales, como los sismos, se vuelvan más resilentes.

 

En este sentido, desde finales del 2013, la Fundación Rockefeller ha impulsado un programa de 100 ciudades resilentes, en el que están apuntadas Santiago de Chile y nuestra ciudad de México.

 

Este programa suministra asistencia económica, un millón de dólares y asistencia técnica las ciudades involucradas con expertos y la celebración de seminarios para que las ciudades cumplan estas dos metas que mencionamos de reducción con el concepto de la resilencia, tomado de nociones básicas de biología y medicina, adaptado a la conservación social.

 

El seguimiento de este programa le ha permitido a Santiago sortear los momentos difíciles del reciente sismo del 16 de septiembre del 2015. Como sabemos, este sismo registro magnitud 8.4 Richter y dejó sentir sus estragos mayores en Coquimbo, aparte de la emergencia general que suscitó de un tsunami en casi todos los países que tienen costas en el Océano Pacífico.

 

El seguimiento del programa no alcanza a evitar todas las pérdidas materiales ni las humanas, pero se han salvado muchas vidas con una evacuación inmediata de las zonas que se consideraron más vulnerables.

 

Este balance del terremoto reciente del 16 de septiembre de 2015, obliga a preguntar a expertos y a gente común, no especializada en sismología, porqué en Chile los daños son relativamente menores, no así en otros países como Nepal, con sismos muy  destructivos en abril y mayo de este año, o en Haití, que nos suscita el recuerdo del sismo de enero de 2010 con efectos devastadores.

 

La respuesta de estas diferencias entre daños y número de muertes la encontramos en el grado de preparación, que observamos en las lecciones aprendidas en Chile del sismo del 1 de abril de este año 2015. Y esta preparación está enfocada a fortalecer el grado de resilencia. En Santiago, y también en México, Distrito Federal, y en todas las ciudades involucradas en el programa de resilencia, inspirado no sólo en la Fundación Rockefeller, también en la Estrategia Internacional de Reducción de Desastres.

 

Hasta el momento, en informe preliminar, la OCDE le ha dado el visto bueno a México en un informe preliminar del sistema de protección civil en nuestro país, considerando como parámetro el fuerte sismo que se sintió en la ciudad de México el 12 de marzo de 2012.

 

Obviamente, ese sismo no llegó a los 8.4 del temblor del 16 de septiembre en Chile. Tampoco el temblor del 20 de marzo del 2015. Falta el BIG ONE que le dé la calificación finalmente aprobatoria a la resilencia de la ciudad de México.

 

Ese temblor que deberá ocurrir, pero a diferencia de lo que sucedía hace treinta años, ahora tenemos expectativas razonables de pasar la prueba del estremecimiento sísmico.

 

La pasó Chile y la debe pasar México. Pero no desconozco muchos detalles que podrían producir algunos desequilibrios, que en el espacio de estas líneas no se pueden explicar con total amplitud.

 

Los tengo en cuenta y serán objeto de análisis intensivo en el nuevo capítulo que contendrá el programa de Derechos Humanos de la Ciudad de México, que incluirá un capítulo especial de Reducción de Riesgos.

 

Espero estar presente en la construcción de ese capítulo para comprobar que efectivamente vamos consolidando la resilencia de la ciudad. En su caso, para señalar qué cosas han fallado para solucionarlas.

 

Mi aportación y conmemoración de este aniversario 30. El logro de la resilencia.