Por qué sí se merece el Nobel

Ruta
Noticias
Por qué sí se merece el Nobel

Comiendo con un buen amigo, alto ejecutivo de un corporativo transnacional, me comenta: “cuando me reúno con mis jefes, ya no les enseño números; lo fundamental, para tomar decisiones financieras importantes, es que tenga una buena historia que contarles; una historia sobre el comportamiento de los clientes, del mercado, de la competencia…”. Con base en estas historias, deciden el rumbo de su empresa.

 

Con asombro y, sobre todo, con horror, contemplamos la carrera por la presidencia del país más poderoso del mundo. En este proceso las propuestas políticas y económicas se funden con la vida personal de los contendientes para ofrecer dos opciones, donde una es mala y la otra es peor. Se confunde la necesidad de proponer políticas coherentes de seguridad doméstica e internacional, salud y educación, con los problemas de alcoba de los candidatos.

 

Los medios masivos tradicionales de comunicación, públicos y privados, han transferido involuntariamente gran parte de su poder a las redes sociales donde el gran colectivo cibernauta decide qué es noticia relevante y qué es irrelevante; la noticia real se funde con un tipo de decisión democrática elegida por todos los participantes.

 

Mientras tanto, la Academia Sueca decide otorgar el Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan. Para tomar esta decisión, ¿se les habrá ocurrido mirar a su alrededor?

 

El Premio Nobel se caracteriza por distinguir a personajes claves de la historia que, desde sus respectivos ámbitos, han ayudado a transformar la cultura de su tiempo. Muy particularmente, el Nobel de Literatura, el único premio que distingue a alguna de las tradicionalmente llamadas bellas artes, tiene un especial alcance con la cultura inmediata. Cuando se da a conocer el nombre de un galardonado, los nuevos seguidores corren a buscar en su librería preferida las obras más representativas del flamante ganador.

 

Hace pocos días tres connotados científicos fueron galardonados con el Premio Nobel de Física, “por los descubrimientos teóricos de las transiciones de fases topológicas de la materia.” Un tema que a todos nos fascina: enormes cantidades de conocedores, admiradores y aficionados a las “fases topológicas de la materia” corrimos a las bibliotecas y librerías para solicitar los trabajos de estos ilustres físicos.

 

Un financiero que tiene que contar historias; unos candidatos que debaten públicamente entre la política y su vida personal; un contingente mundial que decide qué es noticia; el único premio Nobel que está al alcance de un público muy amplio se le otorga a un músico que se confunde con un poeta, o a un poeta que se confunde con un músico. Estos son los tiempos actuales, y los premios Nobel son, al mismo tiempo, reflejos y creadores de nuestros tiempos: los conceptos se funden, las divisiones son poco claras, las decisiones son públicas y colectivas.

 

Todo esto, según el caso, puede ser bueno o malo, pero es nuestra realidad circundante. Parece que la Academia Sueca simplemente volteó a su alrededor y se percató en dónde vivimos, y quiso premiar a un artista que se funde en su poesía y en su música, donde la pregunta del orden del huevo o la gallina no aplica. Es un gran músico y es un gran poeta; sí, al mismo tiempo, como muchas otras cosas en nuestros tiempos.

 

Dr. Gabriel Pliego

Director de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Panamericana