Conclusiones del Congreso de la Familia 2016 “La raíz de la esperanza”

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Conclusiones del Congreso de la Familia 2016 “La raíz de la esperanza”

A lo largo de estos dos días hemos podido reflexionar con mayor detenimiento en el sentido, en la misión y en el contexto de la familia. Todo esto, gracias a los más de veinte conferencistas que vinieron a exponernos ideas y experiencias de un valor incalculable.

 

La base de toda sociedad es la familia. Y por eso hoy estamos aquí, por eso nuestro interés por conocernos mejor, conocer mejor el matrimonio mismo y conocer mejor a nuestra familia. Desde el inicio de este Congreso se nos ha planteado el reto de colaborar con la sociedad, hacerla más justa, más solidaria, más caritativa, más piadosa. Todo esto se aprende, se fomenta y se vive en esa escuela llamada familia. Este reto de mejorar en sociedad, comienza con el esfuerzo constante y arduo de ser mejores personas, mejores esposos, mejores padres.

 

Primero, mejores personas. Todas estas horas invertidas en conferencias, la mesa panel y el dialogo entre los demás participantes, nos han llevado a comprender que pensar en mejorar mi familia comienza con mejorarme a mí mismo. Los valores humanos de la fidelidad, la perseverancia en nuestros afanes y proyectos, la pureza de corazón, la bondad, la alegría, así como tantos otros, son ese abono echado en la tierra de nuestro jardín familiar donde crecerán frutos perennes.

 

Después viene el ser mejores esposos. Y es que no hay familia sin matrimonio. El matrimonio que construyamos, que cuidemos y cultivemos, será la familia que tengamos. Hemos podido escuchar tantos consejos  de cómo educar a nuestros hijos, pero nada de eso tiene sentido si antes no estamos cuidando nuestro propio matrimonio. Porque, como se dijo, los hijos serán un reflejo del testimonio diario de los padres. Amemos a nuestros maridos, a nuestras esposas. Sin la base sólida del amor entre los cónyuges, todo se hace complicado. Vivimos actualmente en un ambiente donde todo corre muy rápido. Si no aprendemos a detenernos, difícilmente nos daremos el tiempo para amar.  Y este amor, no es algo etéreo, amorfo o ideal. Difícil de comprender y materializar. El amor en el matrimonio comienza con cosas pequeñas. Con detalles de cariño. Una palabra comprensiva, tiempo de calidad, una sorpresa inesperada… Y todo esto se resume en una palabra: donación.

 

También se habló del doloroso paso que puede llegar a ser la separación, el divorcio. El respeto y la caridad con la que se siga manteniendo la relación será indispensable para que los hijos puedan seguir viviendo en un ambiente sano donde las virtudes en ellos, puedan seguir creciendo.

 

Y por último, debemos ser mejores padres. Una persona que no siente el amor de su padre odia al mundo, el que no siente el amor de la madre se odia a sí mismo. Dura realidad que nos ha hecho reflexionar en nuestra misión como padres. Es un hecho que los jóvenes buscan la verdad. La buscan incansablemente y por todos lados. Esa verdad, la encontrarán fácilmente ahí donde hay cariño y amor. Por ello es que debemos hacer de nuestras familias un resguardo de amor, de comprensión y paz, donde esté dispuesto el ambiente para un favorable aprendizaje y búsqueda de la verdad, que les hará verdaderamente libres.

 

Los padres debemos salir de nuestra comodidad. De la siempre fácil de caer “búsqueda de nuestra propio bien y descanso”. Salir de ahí para entrar en ese terreno donde somos amigos al mismo tiempo que somos autoridad.

 

Tenemos que hacer equipo, ser miembros de una comunidad fundada en la verdad. Aplaudir a las familias y todos sus logros; a la madre que decide invertir toda su vida para darla a su familia, al padre que es capaz de levantarse a las cuatro de la madrugada para acompañar a su hijo a correr para decirle sin palabras “aquí estoy porque te amo”. No tengamos miedo a festejar y a hacer alboroto a los verdaderos héroes de nuestros tiempos, aquellos que en el interior del hogar están hoy dando la verdadera batalla. Atrevámonos a dejar una gran huella en este mundo y qué mejor, que dejarla por medio de tu propio legado, tus hijos, tus nietos.

 

 

El mundo tiene sed. Sed de verdad. Sed de testimonios ejemplares, que nos muestren que sí es posible. Que sí es posible ser fiel. Que sí es posible comunicarse con amor y ser felices en nuestro matrimonio. Ser felices en nuestra familia.

 

Nos vamos de este Congreso con todas estas ideas con un objetivo firme y seguro: volver a empezar. Mucho hemos reflexionado y nos hemos dado cuenta de nuestras fuerzas, así como en nuestras flaquezas y errores. Hoy es el momento para volver a empezar y hacer vida todo cuanto hemos escuchado y creemos conveniente para nuestras vidas. Para nuestros matrimonios. Para nuestras familias. Un volver a empezar desde el “sí” que dimos hace algunos ayeres a nuestro esposo, a nuestra esposa. Volver a empezar en esos deseos de fidelidad, de felicidad en la unión, del deseo de formar unos hijos que son el presente y el futuro de nuestro amado país.