Álvaro del Portillo, amigo y guía

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Álvaro del Portillo, amigo y guía

Madrid, 26 de septiembre de 2014. Muchas personas tuvieron el privilegio de conocer en vida a don Álvaro del Portillo. Sin embargo, pocos lo conocen tanto como el vicepostulador de la causa de beatificación y director de la oficina para las causas de los santos de la prelatura personal del Opus Dei en España, José Carlos Martín de la Hoz.

 

No sólo lo conoció, sino que lo tuvo como la figura de un amigo y de un guía. Pocos como él para platicar más acerca de la vida y obra de don Álvaro del Portillo.

 

¿Qué importancia tiene don Álvaro para Madrid?

 

Madrid fue una ciudad muy importante para don Álvaro del Portillo porque aquí fue donde nació, creció y se formó como ingeniero de caminos. Esto ha provocado que el interés de la sociedad esté en aumento y cada vez la expectativa sea mayor.

 

¿Cómo puede describirlo como persona?

 

Era un persona que la primera impresión que daba siempre era la paz en su rostro y la alegría profunda que mostraba en sus ojos.

 

¿Cuál fue la anécdota de don Álvaro que más lo marcó?

 

Un día estábamos caminando a una casa de retiro y se acercó una persona que estaba preparando el campo para transformarlo en el escenario de una tertulia con 20 mil personas. El señor se acercó y le dijo que se dedicaba a tapizar y que era muy bueno para esa profesión, más no para llevar una buena vida espiritual. Don Álvaro se le quedó mirando y le recordó una frase de san Josemaría: “si todas las cosas te salieran bien a la primera, serías un soberbio insoportable; sin embargo, a base de comenzar una y otra vez, acabarás siendo santo y lo harás con humildad”.

 

¿Qué es lo que más lo hacía enojar?

 

Hacía una cosa que le provocaba reaccionar con mucha fuerza y era cuando detectaba que habíamos perdido la fe ante los problemas o las dificultades de la vida. Se enojaba y decía que si dos más dos es igual a cuatro, dos más dios es igual a infinito.

 

¿Qué diferenciaba a don Álvaro de la mayoría de los sacerdotes?

 

Don Álvaro era una persona muy normal que hacía lo que todos los jóvenes, pero con el elemento agregado de estar cerca de Dios.

 

También me platicaba los trucos para probar a los profesores. Decía que es importante ser inteligente y ser avispado. Él estudiaba todos los días para sacar buenas notas, pero como buen estudiante, conocía los trucos de cómo manejar a los maestros.

 

¿Cuál considera que fue su principal virtud?

 

En don Álvaro está el elemento de la vida espiritual, de gran profesionalidad y, también, la preocupación social, de buscar que las personas tuvieran una vida digna.