Torreciudad, el centro de Paz de San Josemaría

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Torreciudad, el centro de Paz de San Josemaría

Con motivo del 86º aniversario de la Fundación del Opus Dei, recordamos uno de los lugares que más marcaron la vida de San Josemaría Escrivá de Balaguer.

 

Ubicado en la provincia de Huesca, en España, a 24 kilómetros de Barbastro, ciudad donde nació San Josemaría, se encuentra el santuario de Torreciudad, un centro de culto eucarístico dedicado a la Virgen.

 

El lugar yace cerca de la antigua ermita, construida en veneración a la Virgen. Ha sido, desde tiempo inmemorial, punto de encuentro de piedad mariana, millones de personas se han postrado a los pies de la Virgen de Torreciudad durante nueve siglos para solicitar su amparo y agradecer los favores recibidos.

 

En 1904, cuando San Josemaría Escrivá tenía dos años, contrajo una grave meningitis y el pronóstico que dieron los médicos no era nada favorable. Ya sin esperanza de vida, le anunciaron a los padres del niño que le quedaban pocas horas de vida. En esos momentos de ansiedad, la madre, Dolores Albás, pidió a Nuestra Señora de Torreciudad —por la que sentía gran devoción— el favor de la curación de su hijo, prometiéndole que si se salvaba, lo llevaría a la ermita en peregrinación de acción de gracias.

 

El milagro sucedió. Cuando a la mañana siguiente volvió el doctor y, en tono ya de condolencia, preguntó: —“¿A qué hora ha muerto el niño?”, los padres contestaron con alegría: “No solo no ha muerto, sino que está perfectamente”.

 

Los padres cumplieron puntualmente su promesa. No era fácil, por los caminos de entonces, llegar desde Barbastro a Torreciudad; y el viaje se hacía más incómodo, y hasta peligroso, en la última parte del recorrido. La memoria de aquella travesía permaneció viva en el hogar de los Escrivá, donde Josemaría oiría más tarde el relato de la aventura. Se le quedó muy grabada, y habría de recordarla a menudo: “Me trajeron mis padres. Mi madre me llevó en sus brazos a la Virgen. Iba sentada en la caballería, no a la inglesa, sino en silla, como entonces se hacía, y pasó miedo porque era un camino muy malo”.

 

El agradecimiento de San Josemaría a la Madre de Dios por la protección dispensada desde niño fue creciendo con los años y una de sus manifestaciones fue promover la construcción del actual Santuario de Torreciudad en honor a la Reina de los Ángeles.

 

Bajo su impulso espiritual y con el deseo de difundir la devoción a la Madre de Dios, se levantó un nuevo santuario como lugar de conversión bajo el amparo de la Santísima Virgen, y se abrió al culto en 1975, unos meses después de su muerte. San Josemaría movilizó a muchas personas que contribuyeron con su oración y limosnas a convertir aquel sueño en realidad. No era fácil imaginar que un lugar casi despoblado y alejado del mundo, sin accesos para el tráfico rodado, lejos de las vías habituales de comunicación y sin ninguna ciudad o pueblo importante cerca, pudiera convertirse en frecuente punto de encuentro para muchas personas de procedencia muy diversa.

“No lo hagas pequeño, yo no lo veré, pero vosotros veréis que acabarán llegando miles de peregrinos”, le decía San Josemaría al arquitecto, Heliodoro Dols. Y a pesar de las dificultades, casi 50 años después se cuentan los visitantes por cientos de miles cada año.

 

Torreciudad es principalmente un lugar de oración. La ausencia de comercios y hoteles facilita la paz y el recogimiento, y especialmente en los recintos interiores se pide silencio. De esta manera, el peregrino puede elevar su corazón a Dios de formas muy diversas.

 

                                           

 

Dentro del centro del culto eucarístico se construyo un retablo que ejemplifica las diferentes etapas que vivió Jesús junto a la Virgen. En el centro del mismo se encuentran el sagrario y la talla de la Virgen. Del lado izquierdo del retablo está una estatua de San Josemaría, viendo hacia la característica imagen.

 

En la parte de abajo del recinto, la tradición señala que cada grupo de fervientes que acude con la Virgen de su lugar de procedencia, deja un ejemplo de la misma en el santuario. Entre las más de 600 vírgenes, se pueden observar imágenes de todos los continentes.

 

Además, hay capillas dedicadas a la Virgen del Pilar, la Virgen de Loreto y la Virgen de Guadalupe. Dentro de estos, se encuentran confesionarios, que fueron colocados a petición expresa de San Josemaría. Todos los pecados de tu vida parece como si se pusieran de pie. –No desconfíes. –Por el contrario, llama a tu Madre Santa María, con fe y abandono de niño. Ella traerá el sosiego a tu alma” (San Josemaría Escrivá, Camino, 498).

 

Como parte de la visita se puede todavía bajar a la antigua ermita y apreciar el hermoso paisaje que rodea el santuario, a los pies de los Pirineos y centro de una gran paz que se le transmite a todo aquél que le visita.