Una noche llena de recuerdos y fotos

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Una noche llena de recuerdos y fotos

Hablar de los cientos de egresados de licenciaturas y posgrados de la Universidad Panamericana Campus Bonaterra puede resultar un dato duro y frío, pero qué tal si se adereza de recuerdos de la primera época, ésa en la que todo es sueño y nada realidad, ésa que es muy fácil de criticar y muy difícil de persistir, ésa en la que los problemas y obstáculos adquieren una particular dimensión, porque muchas veces, las más, no se tiene capacidad de respuesta, por tener, eso sí, exceso de limitaciones.

 

Fue exquisitamente enriquecedor, aleccionador y con un claro mensaje de que cuando se es firme en una creencia, los sueños se hacen realidad. De ello trató la velada Memorias de la Universidad, una reunión en la que Carlos García Villanueva, Carlos Salas Luján y José Bassol nos fueron platicando anécdotas, recuerdos, vivencias desde el momento en que se les ocurrió dar paso a la entonces Universidad Bonaterra y constatar lo que es hoy: una realidad conocida no solamente en la región en la que nos encontramos, sino a nacional e internacionalmente.

 

Emotivos recuerdos y reconocimientos a quienes desde México les dijeron por qué no convenía iniciar en Aguascalientes hasta las respuestas sinrazones de por qué sí empezar y como tantas veces, la sinrazón se impuso a la razón, por fortuna. 

 

Enterarse de que durante años ese grupo de soñadores no sabía bien a bien cuándo empezaba su trabajo habitual y cuándo el de la Universidad, al grado de que la secretaria de uno de ellos decidió aportar una cantidad mensual que en el todo apenas se nota, pero en el día a día fue sin dudarlo el fiel de la balanza. Saber que llegaron toneladas de cemento cuando éste se había terminado pero no saber hasta hoy quién lo envió y así, como decía Carlos García Villanueva, nos pudimos haber pasado horas recordando lo que en cristiano entendemos como intervención de la Divina Providencia, Ella cuya esquela nunca apareció, a decir de Carlos Salas, en los diarios y gracias a que vive, la Universidad vive también.

 

Pepe Bassol hizo un recuento muy breve del plan maestro arquitectónico, de la heráldica del primer escudo, del cual se pueden resaltar tantas cosas, pero baste una de muestra: las tres ramas del árbol de la sabiduría que significan los tres grados del saber: teológico, filosófico y empírico, los tres se enseñan en todos los planes de estudio de todas las carreras y por ello, como apuntaba, la Universidad llegó con una contribución muy clara: hizo que el nivel de estudios se elevara en la zona y no porque antes estuviera mal, sino porque se podía dar más y se da más día a día.

 

El momento simpático fue cuando Carlos Salas llamó a José Romo, primer Rector, para decirle lo que estábamos viviendo en esos momentos y José Romo no pudo contestar mucho por dos razones: se encontraba afónico y el teléfono de Carlos Salas no daba para mucho con el micrófono incluido. No escuchamos, pero sí entendimos que el primer Rector vivió en carne propia tantas cosas que hoy las refieren y provocan risa, ese es el pago, maravilloso pago de quien es fiel a sus creencias y logra lo que en su momento no pasaba de ser una locura, pero de locuras está hecho el mundo, las locuras son las que cambian para bien en este caso a las personas y a las instituciones y hoy agradecemos a esos locos soñadores que no cejaron, que no se dieron por vencidos, que ante un obstáculo, su reacción era buscar la forma de superarlo, nunca de evadirlo y gracias a eso hoy la Universidad se yergue firme y segura, pero con un mensaje muy claro, ¡ay de aquel que se duerma en sus laureles!

 

De ahí pasamos a la inauguración de la muestra fotográfica y nos maravillamos de lo que se puede vivir en apenas 25 años, apenas, porque las universidades están llamadas a vivir siglos.