José Villela, radiografía de un atleta parapanamericano

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José Villela, radiografía de un atleta parapanamericano

Ciudad de México, 20 de agosto de 2019.- El año en el que se celebró el bicentenario de la independencia de México, se hizo notorio entre alumnos, profesores y personal administrativo de la Universidad Panamericana el nombre de José Villela. Todos sabíamos de aquel compañero de la Facultad de Medicina, al que el 19 de enero de 2010, le cayó un camión de basura del segundo piso del periférico. Afortunadamente vivió para contarlo, aunque con una lesión en la médula espinal que le generó una discapacidad motriz.

 

José se convirtió en una figura casi mítica no solo por haber sobrevivido, sino por su actitud favorable ante el estilo de vida que este hecho le trajo. Dicho de otro modo, se hizo célebre porque logró convertirse en médico a pesar de que las circunstancias parecían obligarlo a desertar.

 

El Dr. Villela explica que el origen de aquella fuerza proviene de cuatro ejes fundamentales: fe, familia, fortaleza y visión de futuro.

 

“La familia como es equipo no permite que te hundas, está contigo en los momentos más difíciles. Mi hermana lo resumió en una frase que engloba todo, dice que este camión no me cayó solo a mí, sino que nos cayó a todos y entre todos podemos con el peso. Yo solo no podría”, explica José.

 

Mientras que espiritualmente razona: “Desde mi punto de vista si no metemos un ingrediente sobrenatural para entender las adversidades de la vida cotidiana nos quedamos con un gran signo de interrogación (…) Para mí la fe se ha vuelto una gran oportunidad de encontrar un sentido trascendente a lo difícil, a lo doloroso, a lo que no entiendo y de esa manera en lugar de volverse un factor que me deprima o que me encierre en mí mismo me lleva a buscar hacer algo trascendente con eso que me duele”.

 

 

Una vocación impulsada por la UP

 

La vocación de médico es algo que ha estado arraigado en José desde que era un niño. Incluso declara jamás haber pensado ser algo distinto.

 

Esa pasión era tan palpable que luego de su accidente sus compañeros y profesores de la UP se dieron a la tarea de ayudarlo a mantenerse activo académicamente: “A veces había clases en mi cuarto en lugar del salón y se iban todos mis compañeros ahí. Era muy bonito ver como de manera muy solidaria mis compañeros y mis maestros se preocuparon por ver cómo hacerle para pudiera yo continuar con mis estudios”, recuerda.

 

“Desde el principio la Universidad Panamericana se preocupó por que yo lograra mi sueño de convertirme en médico, los directivos como el Dr. Gregorio Obrador, el Dr. Fernando Macouzet Romero (...), se enfocaron en ver cómo hacerle para que sí me pudiera graduar. (...) La UP se volvió un facilitador en mi formación como médico y sin duda le estoy enormemente agradecido por ello. Es como una deuda que tengo con esta universidad y por eso le tengo tanto aprecio”.

 

 

De igual modo señala que el interés que él ponía a estudiar le permitía liberar su mente y evitar que ésta se enfrascara en sus problemas: “La medicina se volvió mi medicina”, afirma.

 

El sueño paralímpico

 

Villela admite que de no haber tenido nunca aquel accidente que mediatizó su nombre, tal vez su vida no hubiera sido tan versátil. Hoy día además de ser psiquiatra, es profesor de la Facultad de Medicina de la UP. Además está casado y desea prosperar con su familia. Por si fuera poco es un nadador paralímpico que competirá en los Juegos Parapanamericanos Lima 2019.

 

José refiere que convertirse en nadador fue otro accidente en su vida, pues explica que, al no poder mover el 80% de su cuerpo, se creía incapaz de nadar. No obstante un día decidió meterse a una pequeña alberca que se encuentra en el lugar en el que vive y resultó que podía flotar y moverse.

 

 

“Empezó siendo algo que yo pensé que sería más rehabilitación y recreación, pero el entrenador Ulises Menéndez me dijo ‘vamos a entrenarte de alto rendimiento y vamos a tirarle en grande para una carrera deportiva’. Desde entonces no hemos parado”.

 

Así terminó compitiendo en Indianápolis, Estado Unidos; Barranquilla, Colombia y Berlín. Fue en Alemania donde pudo establecer marcas personales que lo han puesto en el plano competitivo.

 

Y aunque el que hacer de un médico y la preparación de un atleta de alto rendimiento son bastante demandantes, él sabe que una profesión no está peleada con la otra y afirma que los límites están en la mente. “Si no buscas la forma de que sea posible, de entrada ya tienes el no”.

 

  

 

Razones de sobra para no dejar de sonreír

 

Muy probablemente mientras el Dr. Villela era aún estudiante, jamás imaginó que su futuro implicaría una silla de ruedas, pero si lo hubiera sabido es posible que tampoco se hubiera imaginado lo feliz que sería. A decir verdad, al hablar con él es fácil percibirlo como un hombre agradecido con la vida.

 

“La definición de felicidad que se nos da coloquialmente tiene que ver más con esa alegría extrema, con esa sonrisa falsa, con ese publicar (en redes sociales) todo lo que hago y cómo todo me sale bien. Esto lleva a la gente a sentirse muy presionada e incluso deprimida por poner un estándar de felicidad que es falso y que lleva a confundirnos sobre qué es ser feliz”, opina José.

 

Así pues expone que para él la felicidad tiene más relación con la paz que con la alegría: “Si bien en la vida hay momentos en los que podemos reír, sonreír y tener momentos dichosos, también la vida misma tiene momentos difíciles, tiene días que no son nada gratos y eso no nos quita esa posibilidad de ser felices, de estar en paz”, manifiesta.

 

 

“La definición que a mí más me gusta de felicidad es esa disposición de la persona para la paz consigo mismo y con los demás. Lo que nos hace verdaderamente felices no tiene que ver con lo superficial, con el cuánto tienes, el qué puedes hacer, el cómo te ves; sino más bien con la manera en la que tú te proyectas a ti mismo y hacia los demás”.

 

La mayoría de los nervios que permiten que nos movamos y sintamos nuestro cuerpo viajan por la médula y quienes, como José Villela, viven con una lesión en ésta, tienen paralizados muchos músculos y la sensibilidad en su cuerpo está limitada, pero José sostiene que ha aprendido mucho de esa condición.

 

“Una lección que me ha dado la lesión medular es que los nervios que mueven a los músculos que permiten que sonría no viajan por ahí. Es como si de alguna manera mi cuerpo me dijera: aunque hay una lesión medular la sonrisa sigue siendo posible y no solamente posible, sino necesaria”, concluye.