EN MEMORIA DE ARTURO ÁLVAREZ RAMÍREZ

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EN MEMORIA DE ARTURO ÁLVAREZ RAMÍREZ

Álvarez Ramírez se entregó de forma plena e intensa al magisterio y consumió sus fuerzas dándose en beneficio de los demás, contagiando a muchos su alegría de seguir a Cristo y servir a otros.

 

ZAPOPAN, Jalisco; 26 de noviembre de 2019.-

 

Arturo Álvarez Ramírez fue un insigne catedrático para más de tres mil alumnos en la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad de Guadalajara de 1960 a 1991, egresado de la misma universidad, cursó posgrado en la Brown University Campus   Syracuse y en la Berkeley University.

 

En su alma mater, “El Inge Arturo” se inició en la docencia a la edad de 26 años. Tenía 30 cuando fue invitado por dos de sus alumnos a conocer el Opus Dei, con cuya espiritualidad se identificó plenamente: “Buscar la santificación propia y ajena a través del cumplimiento alegre del trabajo profesional y de los demás deberes ordinarios”. Era justo lo que él ya hacía cotidianamente. Tras profunda reflexión, en 1966 presentó su solicitud de admisión a la Obra.

 

A partir de entonces se hizo más notorio su ejemplar cumplimento del deber en tiempo y forma, su trato amable y generoso con el prójimo y su creciente amor a Dios, reflejado en su entrega al servicio de los demás.

 

Entre sus momentos felices, cuenta haber conocido el Opus Dei en 1963, y años más tarde haberse convertido en el primer miembro Agregado de la Obra en Guadalajara, lo cual le presentó un nuevo horizonte de encuentro con Cristo a través de su trabajo ordinario. Tuvo la oportunidad de conocer a San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, en Roma y, tiempo después, al beato Álvaro del Portillo, quien le hizo ver la suerte que tenía de poder llevar a Dios a los demás a través de su labor como profesor universitario.

 

 

Arturo visitaba a personas enfermas y en extrema pobreza con el fin de ayudarles en lo que le fuera posible; realizaba excursiones con sus alumnos y visitaba a las familias de estos para comprender mejor su entorno y poderlos ayudar, lo que llegó a hacer incluso económicamente cuando alguno corría el riesgo de dejar los estudios.

 

Supo exigirse y exigir puntual asistencia, pulcritud, respeto, justicia y objetividad al evaluar a cada discípulo. Celoso de su ministerio, nunca ahorró tiempo, esfuerzos ni recursos para preparar sus materias cada día mejor.

 

Se convirtió en un edificante patrón moral, de conciencia recta e intachable, incentivador del espíritu de superación de todos, e indudable impulsor y pilar de la excelencia académica en la Facultad de Ciencias Químicas. En esto se plasmó su contribución trascendental en su ámbito de trabajo profesional.

 

Álvarez Ramírez abrazó por elección propia el celibato, para entregarse de forma plena e intensa al magisterio y consumió sus fuerzas dándose en beneficio de los demás, contagiando a muchos su alegría de seguir a Cristo y servir a otros.