Profesores por el mundo: descifrando a Ratzinger desde Navarra

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Profesores por el mundo: descifrando a Ratzinger desde Navarra

Ciudad de México, 2 de diciembre de 2019.- Hace casi tres años, cuando llegué a Pamplona con mi familia, me encontré con una ciudad pintada para el estudio: además del magnífico ambiente del campus de la Universidad de Navarra (UNAV), uno encuentra en las cercanías espacios naturales perfectos para la reflexión. La gente aquí es sencilla, de trato tosco, pero muy noble. Las estaciones son muy marcadas, y cada una se disfruta de manera diferente, desde las largas horas de sol durante el verano hasta las nevadas ocasionales que dejan los montes blancos.

 

En la UNAV, la vida universitaria se vive con mucha intensidad, dentro y fuera del campus. Apenas termina el verano, las zonas residenciales que circundan la universidad se llenan de estudiantes procedentes de todas partes del mundo. Cada lunes, uno puede tomar en la entrada de cualquiera de los edificios del campus el boletín de la semana en el que aparecen todo tipo de actividades para participar: conciertos, exposiciones, presentaciones de libros, concursos, exámenes profesionales, congresos, talleres, conmemoraciones, etc. Sin embargo, el lugar para pasar horas es la biblioteca.

 

En dicho espacio, investigadores de diferentes disciplinas pueden caminar entre los millones de libros que llenan las repisas de cinco pisos. Ahí mismo, uno puede reservar una de las mesas de trabajo que rodean los pasillos e instalarse durante todo el periodo que dure su investigación. En mi mesa se encuentra una laptop, una torre de artículos impresos o fotocopiados y 50 libros. Quien se acerque, inmediatamente podrá percibir las líneas generales mi investigación, pues verá que casi todos los ejemplares con lo que cuento son de o sobre Joseph Ratzinger / Benedicto XVI, y que el tema de la relación entre filosofía y teología, fe y razón, está obstinadamente presente en los títulos o subtítulos de los artículos que forman la torre de papeles.

 

 

Una investigación apasionante

 

¿Cómo entiende Joseph Ratzinger la idea de filosofía? ¿Cuál es su misión y su naturaleza? ¿Qué pasa con ella cuando se enfrenta con un fenómeno como el de la revelación? Estas son en general las preguntas que pretendo responder. Para ello, tengo la suerte de contar con un director y un subdirector extraordinarios. El primero es Pablo Blanco, especialista en la vida y la obra de Joseph Ratzinger; el segundo, Mariano Crespo, un filósofo riguroso que me exige mantener mi tesis en el terreno propio del método de la filosofía.

 

El encuentro con el pensamiento de Ratzinger ha sido apasionante. Lo primero que tuve que hacer fue seleccionar las fuentes que iba a utilizar. Esto fue todo un reto, pues incluso sin tomar en cuenta toda la producción literaria del magisterio de Benedicto XVI, Joseph Ratzinger ha publicado textos masivamente. El índice realizado por su círculo de alumnos identifica 1,375 artículos y 135 libros, muchos de los cuales reúnen algunos de esos artículos.

 

 

El primer año de trabajo lo dediqué casi exclusivamente a estudiar la tesis doctoral de Ratzinger sobre san Agustín y su texto de habilitación sobre Buenaventura. A ellos dedico la primera parte de mi tesis (unas 100 páginas). Esos textos monumentales me sugirieron la estructura general de la propuesta que quiero hacer.

 

Me di cuenta de que en el pensamiento de Ratzinger la filosofía tiene, por un lado, una dimensión personal, subjetiva, biográfica, en cuanto que se refiere a la búsqueda existencial del sentido de la vida; por otra parte, también posee una dimensión ontológica, metafísica, objetiva, que pretende alcanzar al ser real de las cosas de manera racional y universal. Por una parte, corresponde a la búsqueda de sentido; por otra, a la búsqueda de la verdad que trasciende el espacio privado de la mera subjetividad.

 

Finalmente, también descubrí que en el encuentro entre la fe y la filosofía ocurre una síntesis de estas dos grandes dimensiones, de tal manera que la búsqueda de sentido y la búsqueda de la verdad son en realidad la misma búsqueda. La clave para entender esta síntesis es lo que algunos han llamado el “logocentrismo de Ratzinger”. El logos, en el cual todas las cosas encuentran su fundamento ontológico más radical, es también una realidad que me sale al encuentro y que se involucra en mi historia de tal manera que le ofrece un sentido a mi vida.

 

 

Hallazgos fascinantes

 

Lo que más me ha impresionado de Ratzinger es la autenticidad y la fuerza con la que ha puesto a la verdad como centro de su obra y de su vida. Esta devoción por la verdad empapa toda su comprensión de la filosofía, lo cual lo lleva a protestar cada vez que en nombre de una supuesta pureza metodológica la verdad deja de ocupar el lugar central o se considera inalcanzable.

 

También me ha impresionado su enorme cultura filosófica. Sus textos están repletos de comentarios y reflexiones críticas sobre una cantidad vastísima de filósofos tales como: Platón, Aristóteles, Séneca, Plotino, san Agustín, Buenaventura, santo Tomás de Aquino, Descartes, Pascal, Locke, Vico, Kant, Hegel, Kierkegaard, Comte, Nietzsche, Marx, Freud, Sartre, Husserl, Heidegger, Jaspers, Stein, etc.

 

Tan sólo organizando bibliografía he ido trabajando espontáneamente en un proyecto alternativo que espero poder poner en manos del público al terminar esta experiencia: un volumen que se titule Ratzinger y los filósofos. Estoy convencido de que tendrán que pasar algunas décadas para que podamos valorar con justicia la riquísima contribución que ha hecho este gran autor a la historia de la filosofía. Es un verdadero “colaborador de la verdad”, como dice su lema episcopal.

 

 

Datos del investigador

Mtro. Alejandro Sada Mier y Terán

Humanidades, UP campus México

sada.alejandro@gmail.com