¿QUÉ ES LA INFOXICACIÓN Y CÓMO EVITARLA?

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¿QUÉ ES LA INFOXICACIÓN Y CÓMO EVITARLA?

Por Manuel Bernal

 

Hace poco menos de 100 años, para informarse, las personas sólo disponían de los libros,  algunos periódicos impresos, las primeras estaciones de radio, y unas pocas revistas, la mayoría científicas.

 

Hoy, la información no es un  problema por defecto, sino por exceso. Disponemos de una cantidad casi ilimitada de información y conocimiento, tanto para trabajar y estudiar, como para el entretenimiento. Si bien, toda esta información a la espera de ser consultada puede resultar inocua, lo cierto es que las dinámicas actuales, sociales y económica, hacen que fluya con mucha libertad por internet y redes sociales, y que termine afectando de diferentes modos nuestra vida personal y familiar, así como a nuestras actividades sociales: política, educación, economía, salud, tiempo libre, etc.

 

Cuando Alfons Corella terminó de acuñar el término Infoxicación (2003), para ponerle nombre en español a “information overload” (Toffler, 1970), asoció a la información un término suficientemente gráfico para resaltar sus efectos dañinos, la intoxicación. Así, ponía en evidencia lo que podría pasarnos si consumimos demasiada información o lo que sucede cuando simplemente, ésta misma, nos cae mal, porque lo que leemos o vemos nos desinforma o manipula.

 

Puesto así, la infoxicación es una posibilidad para cualquier persona que cuente con acceso a internet, así como una laptop, tableta o smartphone; los mismos medios que usamos de manera regular para trabajar, estudiar, comunicarnos o pasar el tiempo libre.

 

 

En un ambiente universitario como el nuestro, donde proliferan los dispositivos y la costumbre de estar permanentemente conectados, podemos considerar lo siguiente para evitar infoxicarnos.

 

Saber que, aunque la generación más expuesta pueden ser los centennials (Z), por su condición de nativos digitales, en realidad afecta a todas las generaciones. Pensemos en Baby Boomers o personas de la Generación X angustiados por el exceso de información, reenviado memes y fake news sin mucho criterio selectivo.

 


Hay una tendencia sostenida a suplir calidad por cantidad de información, y no sólo en las redes sociales o sociables (Reig, 2010), sino en los medios periodísticos. No hay tiempo para profundizar, se prefiere saber muy poco de todo, lo que equivale a no saber nada de lo verdaderamente importante.


Conviene ser extremadamente selectivo con las fuentes de información a las que dedicamos nuestro valioso tiempo, en especial el tiempo de descanso: medios de comunicación, periodistas, influencers, grupos de Whatsapp, conocidos o perfectos desconocidos.


Estar atentos al manejo del tiempo dedicado a redes y medios, porque los algoritmos con los que están diseñados y que hemos alimentado con nuestros clicks, han perfeccionado su capacidad para engancharnos y pueden mostrarnos una visión superficial y sesgada de la realidad. Es muy fácil que cinco minutos de redes se conviertan en sesiones de una, dos  o tres horas, continuas o intermitentemente compulsivas.


Saber que puede haber en nuestro entorno personas con verdaderos problemas en el uso de dispositivos, sobreexpuestos y angustiados por la información, que pueden necesitar de nuestro apoyo y, posiblemente, de una ayuda profesional.

 

Finalmente, es importante saber que en el futuro próximo no hay planes serios para legislar o definir un ecosistema informativo sano, menos expuesto a la infoxicación de los ciudadanos. Lo más prudente en tomar medidas que realmente podemos poner en práctica en los ambientes más inmediatos: en la familia, preparando a los más jóvenes para vivir en un mundo hiperconectado e hiperinformado; y en las instituciones educativas, desarrollando políticas y programa que preparen y formen mejor en competencias informativas a los futuros profesionales e influencers que salgan de nuestras aulas.