Nuevo etiquetado en alimentos y la innovación forzada

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Nuevo etiquetado en alimentos y la innovación forzada

Ciudad de México, 11 de septiembre de 2020.- Las innovaciones en los productos requieren de un esfuerzo conjunto de diversos actores para educar a los consumidores en su uso, a veces no sólo son las empresas las que tienen que ser las responsables en esa educación.

 

En el año 2004, compré mi primer (y único) iPod y fui muy feliz, podía llevar conmigo 40GB de música prácticamente a donde quisiera y transferir la música desde mi computadora a este nuevo dispositivo. No lo tengo muy claro, pero es probable que ese año haya sido el momento en el que comenzó a disminuir mi compra de CDs.

 

La forma en la que este nuevo producto llegó a nuestras vidas implicó que Apple dedicara parte de sus recursos para enseñarnos cómo funcionaba su nuevo dispositivo. La innovación fue desde el color de los audífonos hasta la forma en la que podías cargar la música comprada a través de iTunes o discos que fueran de tu propiedad.

 

El nombre técnico de este tipo de innovación es innovación discontinua (IDis) y requiere de nuevos patrones de aprendizaje y consumo por parte de los consumidores. Los otros tipos de innovación existentes son la innovación continua (ICon), la cual no requiere de ningún aprendizaje nuevo del consumidor y la innovación dinámicamente continua (IDiCon) que se refiere a que el producto cambia la rutina del consumidor, pero no requiere de un aprendizaje totalmente nuevo. Los tipos de innovación mencionados cambian de acuerdo, al nivel de aprendizaje necesario del consumidor para adoptar el nuevo producto.

 

A veces, las empresas se ven forzadas a realizar innovaciones en sus productos por un “bien mayor”, en este caso me refiero al nuevo etiquetado de los productos propuesto por los legisladores y que comienza a entrar en vigor en estos momentos. La innovación que las empresas deben hacer en sus productos implica o sugiere al consumidor un cambio en sus hábitos y rutinas.

 

Al realizar estas adecuaciones para cumplir con las nuevas disposiciones, hemos visto que las empresas no están de acuerdo con ello y buscan de alguna u otra forma evitar el inminente cambio.

 

Y esto no es nada nuevo, ya sucedió con el tema de los cigarros en el 2012 y 2014, cuando en el Diario Oficial de la Federación se publicaba el acuerdo que daba a conocer las leyendas e imágenes que debían contener las cajetillas para evitar el consumo de ese producto. Hasta el año 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció que el número de hombres que consumen cigarro estaba disminuyendo en el mundo. Del 2000 al 2018 hubo una reducción en el consumo de 60 millones netos de personas. Sin embargo, el uso el vaping (sustituto del cigarro) acumulaba para 2018 a 41 millones de personas en el mundo y un estimado de Euromonitor dice que para 2021 habrá 55 millones. Además de las imágenes se incrementó su carga impositiva, por lo tanto, su precio aumentó.

 

El ejemplo del cigarro es muy claro, la IDiCon forzada a este producto no logró y no ha logrado hacer el cambio necesario en los hábitos del consumidor. La razón es muy clara, al menos en México, el gobierno no ha sido capaz de establecer una campaña clara de salud hacia los consumidores y dejó en manos de ellos mismos (los consumidores) el cambio.

 

Al innovar sólo en el etiquetado en los cigarros, y ahora en muchos más productos, no se logrará el cambio que se espera en el consumidor, este buscará nuevas alternativas con sustitutos o seguirá consumiendo el mismo.

 

En estos casos, en primer lugar, se debe considerar que este tipo de innovación debe ser discontinuo ya que se requiere que el consumidor cambie de forma radical la forma en la que consume el producto. Los consumidores deberemos de desaprender como consumíamos ciertos productos como refrescos, cereales, golosinas, entre otros. Y volver a educarnos con nuevos hábitos de consumo que beneficien nuestra salud. No obstante, esto queda en la voluntad de cada uno de nosotros y a menudo, en estas situaciones, necesitamos ayuda externa.

 

Obviamente, las empresas no van a estar dispuestas a educarnos nuevamente en el consumo de sus productos y es hasta cierto punto razonable su posición, porque ni siquiera fue su idea.

 

Por ello, en segundo lugar, el motor de la innovación debe ser el responsable de la re-educación del consumidor. El gobierno, promotor de la IDis, debe involucrarse de lleno con el proyecto y aprovechar la coyuntura con el COVID-19 para lanzar una campaña completa dirigida a su target, los niños en la escuela virtual y cambiar desde la base los hábitos de consumo para que en el futuro se vea un impacto más positivo en los niveles de obesidad, desnutrición y mortandad.

 

¿Y tu empresa, al hacer innovaciones en sus productos o en sus servicios, se preocupa y compromete con los consumidores para hacer una educación y cambio de hábitos eficiente y eficaz, o simplemente lo deja a que sea autodidacta con los cambios del entorno?

 

 

Datos de autor: Mtro. Daniel Ortíz Otegui, Facultad de Empresariales de la Universidad Panamericana.

 

Texto tomado de altonivel.com.mx