Economía, una ciencia que mejora la vida del ser humano

Ruta
Noticias
Economía, una ciencia que mejora la vida del ser humano

Ciudad de México, 4 de noviembre de 2020.- A la economía se le ha llegado a conocer, por algunas de sus predicciones, como la dismal science, lo que se puede traducir como la ciencia lúgubre o funesta. Sin embargo, la economía ofrece excelentes herramientas para mejorar la calidad de vida del ser humano. Como muestra, ofrezco aquí dos ejemplos de economistas que han tenido un impacto muy importante en la vida de muchas personas.

 

¿Cuánto vale un riñón? Esta puede ser una pregunta chocante, pero su respuesta es importante. A la mayoría de las personas les parece que un riñón no debe sujetarse a las leyes del mercado por lo que su venta está prohibida en casi todos los países. Por esto, un riñón no tiene precio, pero su valor es enorme para quienes necesitan un trasplante para sobrevivir. La pregunta más importante en este sentido es: ¿cómo se puede ayudar a salvar la mayor cantidad de vidas con las donaciones de órganos?

 

Los economistas confían principalmente en el mercado como asignación de recursos escasos, pero no existe la posibilidad de vender y comprar riñones. Sin embargo, este problema de asignación de recursos sigue siendo competencia principal de los economistas. Alvin E. Roth, profesor de la Universidad de Stanford, encontró una solución a este problema a través del diseño de mercados. En un sentido, el diseño de mercados se encarga de estructurar un mercado en el que no hay compra y venta, ni precios. La idea de fondo está en buscar mecanismos alternativos de emparejar la oferta y la demanda. En el caso del que hemos hablado, esto se refiere a los donantes de órganos con quienes los necesitan para vivir.

 

La principal dificultad en el diseño de un mercado de riñones está en la necesaria compatibilidad entre el órgano y la persona que lo recibirá. En ocasiones, algún paciente tiene a alguien que puede donarle un riñón, pero no son compatibles. Si se puede hacer un cruce con otro paciente de forma que cada uno consiga un riñón compatible se pueden salvar dos vidas. Pero se pueden lograr mejores resultados cuando se puede hacer una cadena de donaciones que salven varias vidas cuando un riñón que le sirva a una persona logra que su donador salve a otra y el donador de esta a otra y así sucesivamente. Salvar el mayor número posible de vidas requiere de resolver un complicado problema de optimización, esto es lo que logró Alvin Roth.

 

Roth diseñó un algoritmo capaz de asignar de forma óptima los riñones a los distintos pacientes de forma de que se logre salvar el mayor número posible de vidas. Los algoritmos desarrollados por Roth se han aplicado a otros problemas de asignación de recursos con mucho éxito. Por ejemplo, la asignación de estudiantes a escuelas públicas y el emparejamiento entre médicos residentes y hospitales en Estados Unidos. El algoritmo de Roth asegura que, al terminar la asignación, no hay forma de mejorarla, en el sentido de que ningún estudiante o médico quisiera cambiar su elección dadas sus preferencias y el lugar en que se encuentran ordenados dadas sus capacidades y desempeño previo. Este trabajo le dio a Alvin Roth (junto con Lloyd S. Shapley), en 2012, el Premio a las Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel “por la teoría de asignaciones estables y la práctica del diseño de mercados”.

 

 

El otro ejemplo está relacionado, principalmente, con tres economistas: Abhijit Banerjee, Esther Duflo y Michael Kremer, los primeros dos son profesores del MIT y el último de Harvard. Su trabajo fue pionero de un nuevo paradigma en el combate a la pobreza y la búsqueda del desarrollo humano. Para entender este enfoque usaremos el caso de la educación. Algunos objetivos son claros, se quiere que los estudiantes alcancen más años de escolaridad y mejoren su aprendizaje. La pregunta importante aquí es cómo lograrlo.

 

Hay muchas opciones de intervenciones que buscan lograr la permanencia de los estudiantes en la escuela. Por ejemplo, mejorar la infraestructura de las escuelas, transferencias condicionadas de dinero, comidas infantiles en la escuela o para llevar a casa, libros gratuitos, construcción de nuevas escuelas, etcétera. También hay muchas y muy buenas razones para preferir una intervención a otra y se pueden usar ríos de tinta argumentando las ventajas de una u otra.

 

Sin embargo, el enfoque de Banerjee, Duflo y Kremer es muy distinto. Lo que proponen es verificar en la práctica qué funciona para el desarrollo. En lugar de teorizar acerca de cómo mejorar la educación, experimentan de forma práctica para tener mediciones confiables acerca del impacto de cada una de las opciones. Esto nos da certeza en lo que logramos con cada esfuerzo a favor del desarrollo evitando el trabajo con base en supuestos teóricos.

 

Para lograr el propósito de la medición del impacto de los distintos programas, es necesario partir de un conocimiento profundo del tema y de la formulación de teorías acerca de cómo enfrentar el problema. Pero lo más importante será la medición precisa del impacto a través de una metodología estadística rigurosa y de cuidado de los detalles, donde el ingenio del investigador juega un papel importante.

 

El trabajo de Banerjee, Duflo y Kremer, inició una revolución en la economía del desarrollo que ha llevado a la realización de cientos de estudios acerca de lo que funciona y en qué medida funciona para mejorar las condiciones de vida de las personas. Hoy se tiene claridad acerca de cuáles programas son los que tienen una mayor efectividad por cada dólar invertido en desarrollo lo que permite un uso mucho más eficiente de los recursos para mejorar la vida de miles de personas. Es por esto que estos investigadores recibieron el premio en memoria de Alfred Nobel en 2019 “por su enfoque experimental para aliviar la pobreza mundial”. Por cierto, Esther Duflo es la persona más joven en haber recibido este premio, tenía 46 años cuando fue galardonada.

 

El trabajo de Roth y el de Banerjee, Duflo y Kremer ha contribuido a salvar muchas vidas y a mejorar las condiciones de vida de miles de personas. Muchos otros y muchas otras economistas han logrado, con su trabajo, impactar de forma positiva al mundo. Las herramientas con las que cuenta un economista son muy poderosas, pues su objetivo final es satisfacer de mejor forma las necesidades de hombres y mujeres y expandir las posibilidades del ser humano. En este artículo se han mostrado sólo un par de ejemplos sobresalientes de todo lo que puede lograr la ciencia económica en favor de un mundo mejor.

 

               

 

Datos del autor

Dr. Eugenio Gómez Alatorre, director de la Licenciatura en Economía de la Escuela de Gobierno y Economía  de la Universidad Panamericana