El sentido ante el sufrimiento

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El sentido ante el sufrimiento

Ciudad de México, 1 de marzo de 2021.- La pandemia por COVID-19 ha ocasionado que hoy estemos frente a un gran reto, pues nuestra dinámica de vida ha cambiado sustancialmente y no tenemos certeza de cuánto más durará el confinamiento. Hemos sido puestos a prueba, nos ha cambiado la manera de vivir; estamos luchando por adaptarnos al trabajo, a la escuela a distancia y a otros muchos retos de este tiempo en el que transitamos por la incertidumbre.

 

Muchos de los miembros de la comunidad UP hemos sido tocados por el sufrimiento y hemos enfrentado diversas pérdidas: la salud, el trabajo y la dolorosa partida de seres queridos. Se han ido compañeros de trabajo, alumnos, colaboradores, familiares y han partido sin que podamos despedirnos como hubiéramos querido.

 

Transitar el duelo es una experiencia personal, un proceso íntimo que al final nos permitirá restablecer la vida lo más sana posible. Pero el duelo se complica si no podemos despedirnos, si no logramos identificar y expresar lo que sentimos.

 

Así, experimentamos diversos sentimientos: unas veces nos sentimos raros, quizá confundidos e irritables, tristes o cansados, otras veces tocamos la esperanza y somos optimistas. Debemos ser pacientes con nosotros mismos y tratar de ser empáticos con los demás, finalmente estamos todos haciendo lo que podemos.

 

Quizá percibimos también la sensación de falta de sentido, que suele aparecer cuando no entendemos algo, cuando se altera el orden establecido si vemos que se desmorona una certeza o si perdemos algo que nos era vital. Ante esta situación es normal que nos cuestionemos: ¿qué sentido tiene lo que estoy viviendo? ¿Es posible tomar una postura positiva ante el sufrimiento?

 

 

Viktor E. Frankl, médico, neurólogo y psiquiatra vienés, a través de su experiencia como prisionero en los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, descubrió que la vida siempre tiene sentido. De la vivencia en el campo de concentración, aprendió que la última de las libertades humanas es “la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias, para decidir su propio camino”, tal como señala en su libro El hombre en busca de sentido.

 

Frankl comparte que cuando fue liberado del campo, recuperó lentamente la capacidad para alegrarse:

       “(…) un día, después de nuestra liberación, yo paseaba por la campiña florida, las alondras se elevaban hasta el cielo y yo podía oír sus gozosos cantos… me detuve, miré en derredor, después al cielo, y finalmente caí de rodillas… en aquél momento, solo tenía en la cabeza una frase: desde mi estrecha prisión llamé a mi Señor y Él me contestó desde el espacio en libertad… no recuerdo cuánto tiempo permanecí allí de rodillas, pero sé que aquél día, en aquél momento, mi vida empezó otra vez”, (Frankl, 2001)[1].

 

El sufrimiento, dice Frankl, es un ingrediente de la existencia; es parte de nuestro destino. Las llamadas situaciones límite nos despiertan y nos confrontan con la vulnerabilidad y la finitud.

 

El sufrimiento no puede erradicarse; sin embargo, puede ser un maestro que nos enseñe a tocar lo más profundo de nosotros y es una ocasión para la realización de sentido a través de los valores de actitud. Para realizar estos valores, tomamos postura frente al destino inevitable decidiendo: ¿cómo es que vamos a enfrentar esa situación límite?

 

 

Aún en medio del sufrimiento, podemos hallar sentido y descubrir recursos, potencialidades que ignorábamos que poseíamos. “Todo sufrimiento es un proceso de maduración en el que el hombre aprende a avanzar de lo superficial a lo profundo, allí se revelan conocimientos que estaban inconscientes hasta entonces”, explica Elizabeth Lukas en la obra Una vida fascinante.

 

La persona es un ser decisivo, capaz de elegir y es esta libertad interior la que no se nos puede arrebatar, la que hace que la vida tenga sentido y propósito. Somos capaces de cambiar la actitud: el “espacio” para dar una respuesta libre, distinta, para responder a lo que la vida nos pregunta a cada momento. La vida nos seguirá interpelando y nosotros respondiéndole, nos invitará a reescribir el guion.

 

También estamos llamados a no quedarnos en nosotros, apelados continuamente hacia la autotrascendencia a través de la entrega a una causa, a un servicio, a una misión. Sobre el sentido del amor, Frankl asegura que la salvación del hombre está en el amor y a través de él. Éste trasciende la persona física del ser amado, así, aunque ya no esté con nosotros, siempre tendrá sentido haber tenido ese vínculo, nadie podrá arrancarnos lo que ya hemos compartido.

 

Permitámonos vivir ese proceso de duelo, es una experiencia que lleva tiempo, para la cual no hay ni fórmulas, ni recetas. Aunque si en algún momento nos sentimos rebasados, podremos buscar ayuda profesional. Escucharnos, hacer silencio, orar y sostenernos en la fe es importante, ahí conseguiremos revelar nuestros recursos, ahí lograrán emerger nuestras potencialidades y podremos re-descubrir el sentido en nuestras vidas.

 

                    

 

Datos de la autora:

Mtra. Sara María Martínez Basurto

Psicóloga. Especialista en Logoterapia y Análisis Existencial. Especialidades en Enfoque Gestalt y Enfoque Centrado en la Persona. Maestría en Sensibilización Educativa con orientación Gestalt. Doctorante en Desarrollo Humano. Docente de la Universidad
Panamericana carreras Enfermería y Psicología. 

smartinezb@up.edu.mx

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[1] Frankl, V. (2001). El hombre en busca de sentido. España: Herder.