Meeting with: Karla Wheelock

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Meeting with: Karla Wheelock

Ciudad de México, 28 de junio de 2021.- El 27 de mayo de 1999, la mexicana Karla Wheelock fue la primera mujer iberoamericana en lograr la cumbre del Everest por la difícil cara Norte. Hoy día Karla es una emprendedora social, conferencista, consultora y alpinista, dedicada a vincular el mundo deportivo de alto rendimiento con el desempeño superior en empresas a través de la capacitación, motivación y desarrollo de liderazgo. Además, a través de su fundación, impulsa causas ambientales y sociales en pro de los jóvenes de su país. Esto fue lo que conversó con nosotros en Meeting with:

 

¿Cuál fue tu primer acercamiento con el alpinismo y qué fue lo que te impulsó a convertirte en alpinista?

 

El primer acercamiento al alpinismo empieza desde el acercamiento a la naturaleza, a las montañas y a los cerros en mi ciudad, donde yo crecí, que es Saltillo Coahuila (…) pero el acercamiento a una alta montaña fue el primer ascenso que hice al Popocatepetl y ahí es donde ya podríamos hablar de que fue ese encuentro con el alpinismo porque ya no era las caminata en pequeños cerros sino ya estábamos hablando de subir una montaña cuya altitud superaba los 5,000 metros y ya me demandaba y me requería mayor preparación física, un equipamiento distinto y más especializado.

 

¿Cómo te preparas mentalmente para subir una montaña?

 

Mentalmente tienes que estar preparado para saber que como funcionas a nivel del mar no vas a funcionar allá arriba, que como funcionas en un día soleado no vas a funcionar con la mochila empapada, todo mojado, pesado o sintiéndote mal (…). Todas esas preparaciones son los efectos mentales que tú tienes que tener preparado y obviamente sabes que te estás enfrentando a una situación difícil, voluntariamente te estás poniendo en una situación de riesgo por lo que se requiere una mayor preparación, conocimiento, habilidades, etc.

 

Todo eso es la preparación mental, es saber que vas a estar en una situación difícil, saber que te va a costar, saber que vas a tener frío, saber que vas a estar incómodo, (…) y creo que, por lo menos para mí esa formación, esa educación, que me dio la montaña me ha servido en muchos aspectos. Últimamente creemos que las situaciones que están sucediéndonos la gente no está preparada porque cree que todo es fácil, que todo es inmediato y la naturaleza nos enseña a que hay procesos, que tenemos que prepararnos, que tenemos que fortalecernos, que debemos llevar las cosas que necesitamos en nuestra mochila o nuestro equipaje para que si necesitas algo lo puedas aplicar. Todo eso es una preparación mental.

 

                     

 

¿Qué recuerdos tienes del día que escalaste el Everest y qué pensaste cuándo llegaste a la cima?

 

Siempre que pienso en el Everest van a ser recuerdos gratos, pesar de que hubo momentos de dificultad, pérdidas de compañeros y situaciones difíciles, la verdad es que si podemos hacer un avalúo y al final siempre es algo bien positivo. (…) Se cumplen 22 años de que subí a la cumbre del Everest, (el 27 de mayo).

 

Lo que más recuerdo es lo difícil que era dar los últimos pasos y que empecé a dedicarlos a todos aquellos que me habían acompañado en el proceso con una palabra, con un apoyo económico, con un correo, con algo que me llegaba de la montaña en aquel entonces y obviamente ese abrazo de cumbre con el que me recibe mi compañero argentino en donde al momento de llegar a la cima él simplemente abre los brazos para darme ese abrazo, enseñándome de alguna manera que por mucho que tengas un gran sueño o quieras alcanzar una gran meta si llegas solo pues de nada sirve, que aquí lo importante es poder compartir el éxito y eso es lo que más recuerdo.

 

Obviamente recuerdo los últimos pasos, el abrazo de cumbre, la llamada telefónica con mi mamá, como se veía y tan lo recuerdo que de hecho la foto que tomé de cómo se ve desde la cumbre del Everest es precisamente el cuadro que tengo aquí atrás.

                                                      

¿Cuál sería tu próxima montaña a escalar, como alpinista o algún reto que te hayas impuesto?

 

Siempre lo he dicho, todos somos exploradores, todos tenemos nuestras montañas como bien dices, puede haber montañas personales, como profesionales o familiares y la verdad es que yo tengo muchas montañas a la vista.

 

Tengo mi montaña personal que es seguir preparándome y seguir creciendo en varios aspectos, ahora sí que como persona, en lo académico y en lo profesional. Tengo una montaña que quiero subir el próximo año, que no pude hacer el año pasado por la pandemia y este año tampoco se me permitió que es ir a Groenlandia, pero tengo una montaña que es este reto de aportar y colaborar en la conservación de áreas naturales protegidas, en el participar también proyecto con jóvenes en educación ambiental. Son mis montañas, y ahorita tengo una muy importante que es una personal, que es una montaña que estamos de alguna manera subiendo mi hija y yo.

 

                                                     

 

¿Tienes alguna nueva publicación pensada?

 

Estoy escribiendo, la verdad es que esta pandemia nos ha dado a muchos la oportunidad de hacer cosas que teníamos pendientes y que no habíamos hecho. Entonces sí, efectivamente hay un proyecto que está a punto de salir que es una publicación pero no es escrita, no está impresa, pero se llama Exploradores de los límites, que va a estar en mi página de Internet y que la gente lo puede leer.

 

Estoy platicando de alguna manera ciertos aspectos sobre los siete aprendizajes de las siete cumbres y desde el lado de los exploradores, ese es un proyecto que está a punto de ya salir y estoy trabajando en otro libro, que espero en Dios que ya para finales de año ya lo podamos publicar.

 

¿Qué te motivó a iniciar con tu propia fundación?

 

Precisamente cuando alcanzó la cumbre del Everest en 1999 y que estoy parada, feliz, agradecida y sintiendo esta gratitud no solamente con la montaña sino con Dios, con la vida, con los que me apoyaron y era tanta la gratitud que dije: “ni en 10 años termino de dar gracias”. 10 años después regresé para hacer una ceremonia de agradecimiento y en retrospectiva para ver lo que realmente me había permitido ver el Everest.

 

Y lo que en esos 10 años me permitió ver el Everest fue en el trabajo que hice en escuelas, con campesinos, en reclusorios, de todo tipo, en empresas, en universidades, fue esa necesidad de soñar, de tener una esperanza, de tener retos, de que cuando las personas identificaban esa, su montaña, se transformaban y que cuando la lograban era algo increíble y eso fue lo que me permitió ver.

 

De repente dije, bueno si yo a través de estas pláticas he podido ver eso y lo que les conté yo el Everest me permitió ver eso, imagínate si llevo a las personas a la naturaleza y la gran maestra les enseña, no a través de mí sino directamente (…). Este año se cumplen 12 años de la fundación, en el compromiso de no solamente contarles a los niños lo que podían hacer o lo que yo había hecho sino que ellos se descubrieran capaces de hacer cosas increíbles, de ir a la Antártida, de poder lograr proyectos impresionantes y así empezó.

 

Empezó con una convocatoria en donde los invito a que identifiquen una situación que ellos puedan mejorar, que le den una solución y que a través de su solución se beneficie al medio ambiente y los proyectos iban siendo seleccionados, los jovencitos iban siendo capacitados y finalmente los que lograban tener un mayor impacto beneficioso para su entorno y su comunidad eran premiados con una expedición.

 

                                                            

 

¿Hay algún consejo que quieras dar a los chicos de la UP? Tanto a estudiantes como egresados.

 

Te puedo compartir que algo que a mí me ayudó mucho es ese reconocer la importancia de lo que tienes. A mí me dijeron de niña que el que se propone cosas grandes logra cosas grandes, pero solo si eres 100 en lo pequeño puedes lograr.

 

Está padrísimo que soñemos, que tengamos grandes retos, que queramos alcanzar grandes cumbres, pero van a ser los pequeños pasitos los que nos van a acercar en la cima. Eso es lo que me dijeron a mí de niña y lo he vivido, lo he aplicado y me ha llevado a lograr montañas. A veces pensamos que lo chiquito no cuenta, no se nota, no se ve, pero realmente si cuenta, la célula, lo más bello, toda la vida en sí, empieza desde algo bien pequeñito (…).

 

Yo les diría, cuiden lo pequeño, trabajen en eso que aparentemente no es tan visible o tan llamativo pero que es lo que permite que se generen los grandes resultados, las grandes cumbres, las grandes montañas. Eso es lo que yo les podría compartir que algún día me dijeron y que la verdad lo llevé bien profundo y es valorar lo chiquito porque cumpliendo lo pequeño se cumple lo grande.