Siempre es un buen momento para ser periodista

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Siempre es un buen momento para ser periodista

Ciudad de México, 8 de septiembre de 2021.- La frase es común, ha sido pronunciada en miles de conferencias, seminarios, textos especializados o por los maestros en clase. Pero ser común no significa que sea menos importante, incluso podemos decir que debiera convertirse en una especie de mandamiento profesional: “Siempre es buen momento para ser periodista”.

 

El tema es que una afirmación así nos lleva a cuestionarnos el valor del periodismo, su importancia social, su necesidad económica en tiempos de crisis sociales como la pandemia del COVID-19, el cambio de gobierno en México o un sismo como el que se vivió en 2017. A final de cuentas el análisis introspectivo lleva a una pregunta clave: ¿cuál es el valor del periodismo?

 

Y sobre esa disyuntiva es donde nos encontramos los medios, ya sea informando de política, economía, deportes, cultura, cine, cocina, turismo. ¿Por qué un joven tiene que dedicarle tiempo a una licenciatura (ahora normalmente llamada de Comunicación y no solo de Periodismo), pagar una universidad, ponerse a leer, a investigar y a publicar? ¿Por qué hacerlo si basta con abrir una cuenta de Twitter, Facebook, Instagram, Tik Tok y ahí alguien que estudió cualquier otra cosa, o incluso sin estudios profesionales, se puede hacer viral, famoso, influyente?

 

La respuesta en muy simple: porque necesitamos explicarle al mundo por qué suceden las cosas, por qué reaccionamos de una u otra manera. No basta con ser ‘modernos’ especialistas del petróleo un día, al siguiente expertos en sismos, luego de juegos olímpicos, de cine, de política, de vacunas o de sorteos de lotería.

 

El mundo necesita explicaciones, identificaciones, certezas, curadores de información, y ahí está el periodista para hacerlo. Esa pequeña y al mismo tiempo titánica información llevará a la sociedad a tomar buenas decisiones, o por lo menos mejores que si no estuviéramos informados.

 

Por eso, como dice el maestro Ryszard Kapuscinski, los periodistas tenemos que leer cien páginas para escribir una. Tenemos que ser mejores y más inteligentes que los tuiteros, los facebokeros y los influencers en general, tenemos que ser simplemente periodistas, conocedores serenos y con capacidad de explicación.

 

Reportes de Comscore indican que el consumo de medios de comunicación creció en más del 30% durante la pandemia. Los ratings de televisión subieron cuando un sismo golpeó el centro del país (donde vive casi una cuarta parte de la población) en 2017. Las crisis hacen que la gente voltee a los medios, a los periodistas. Pero estas son intempestivas, inesperadas. Hay que estar preparados para ellas.

 

Y cuando las crisis modernas han llegado nos encuentran con el celular en la mano. En 20 años pasamos de ocuparnos del periódico y las revistas a pensar en digital, de ver el canal 2 de la televisión abierta y poner YouTube en la televisión.

 

 

Nueva era, nuevos requerimientos

 

Reportes de consumo de medios en Estados Unidos indican que los jóvenes veinteañeros, cuando se independizan de sus padres y salen de casa, han dejado de contratar televisión de cable; su prioridad pasó a pagar el servicio de internet y plataformas de streaming.

 

Cuando era pequeño y no me gustaba algo de comer, mi madre decía que la casa no era un restaurante, así que la única salida para levantarme de la mesa e ir a jugar era comer lo que ese día habían preparado. Así eran entonces los medios y la televisión, hoy no. La gente hoy sigue viendo las pantallas, leyendo periódicos; pero ahora, como en el restaurante, con el servicio a la carta.

 

En el mundo globalizado, los servicios de streaming y las páginas web reinan el consumo, y más aún: ahora las fronteras son encender o apagar el celular y los periodistas tenemos que estar adaptados a ello. Los trabajos de hoy y del futuro ya no serán en un periódico impreso o en un canal de televisión para leer noticias.

 

Los requerimientos actuales son periodistas multimedia, que piensen en videos verticales en lugar de videos horizontales, en historias más naturales, cercanas. Es necesario ser cortos, precisos, contundentes y menos “rolleros”. Economía de palabras decían los maestros universitarios de hace dos décadas. Ese es el reto del periodismo: Content is king, but distribution is king kong.

 

La frase es de Víctor Hugo Michel en la premiación del Concurso de Periodismo organizado por la Universidad Panamericana en 2020. Y se refería a los retos de comunicar diferente, a pensar en Facebook Live o en Instagram Live, a hacer noticiarios de radio transmitidos al mismo tiempo en plataformas digitales, a llevar a los medios al Tik Tok, al YouTube. A usar Zoom o Stream Yard para entrevistas.

 

En eso anda el periodismo de hoy. En gran parte, gracias a la pandemia hemos cambiado las formas de investigar, de reportear, de contar nuestras historias. También nos hemos salido de los formatos tradicionales: la nota informativa, la crónica, el reportaje, la entrevista. Ahora los contenidos son híbridos, muchas veces atemporales, inmediatos, naturales y cercanos. Ese es el reto de las juventudes de hoy que estudian periodismo.

 

 

Viejas costumbres y nuevas plataformas

 

El futuro luce emocionante. Hace años, en la redacción de Excélsior decía Gerardo Galarza, un maestro del periodismo, que en sus tiempos había una pequeña costumbre que nos ayudaba en el trabajo: reportear. Lo decía cuando veía la edición impresa llena de firmas de ‘Redacción’ o agencias. Al inicio de este siglo y hasta la llegada de las crisis, los medios estábamos alejados de la gente, contando las historias del poder y de los poderosos.

 

La emoción del periodismo actual es que las nuevas plataformas han roto eso. Hoy la demanda es contar historias de personajes reales, “historias de perdedores” decía Gay Talese para referirse a la gente común, al ciudadano de la calle. Ya no importa tanto informar que el desempleo ha llegado al 6%; mejor vayamos a entrevistar a un desempleado y que nos cuente cómo sobrevive. Ya no es tan atractivo decir que hay millones de desaparecidos o muertos por el COVID, hay que personalizar esas cifras, entrevistar al hijo que perdió a su padre, a la madre que perdió a su hijo, al doctor que atiende en un hospital COVID. Ese es el camino y el reto de hoy.

 

En ese trance, el periodismo tiene que recuperar el “fisgoneo”, también una palabra del maestro Talese, que hoy le llaman “reportear”. Y reportear no es otra cosa que salir a la calle, o si no se puede salir, voltear a la vente y fijarte cómo vive el mundo. Hay que reflejar las historias reales, de personas de carne y hueso, las tragedias cotidianas y los triunfos comunes.

 

En el periodismo de hoy sigue siendo necesario una redacción minuciosa y detallada porque no hay que perderle el respeto a la audiencia y ninguna persona quiere ver un video de 45 segundos con subtítulos y faltas de ortografía. Los periodistas estamos generando un cambio al periodismo multimedia, por eso ahora no necesitamos únicamente saber escribir, y escribir bien. Ahora hace falta conocer y diferenciar las audiencias, saber qué genera ingresos porque de otra no vamos a sobrevivir, como parte de los medios o con un proyecto independiente.

 

La pandemia en México aceleró los procesos de nuevas narrativas a través de videos, plataformas digitales y de streaming. Pero también lo hizo la política. El gobierno actual ha dejado de lanzar carretadas de dinero a los medios y eso ha provocado una necesidad de cambiar. “Reinventarnos, los medios no teníamos incentivo para competir por las audiencias”, dijo Víctor Hugo Michel.

 

Y esa combinación de cambio político más pandemia es plenamente revolucionaria, atractiva, motivadora, retadora. En eso estamos los medios y los periodistas: en un duelo de modernidad y tradición.

 

En lo moderno debemos tecnológicamente aprender a contar nuestras historias en plataformas digitales y en la tradición a prepararnos para saber más que los demás (leer 100 páginas para escribir una), en ser expertos consumidores de información.

 

Por todo esto sigue valiendo la pena prepararse en la universidad, trabajar en los medios y explicar cómo funciona nuestra sociedad. Somos un poco como los psicólogos del mundo. Cuando menos lo esperamos llega una nueva sacudida que nos mete en la crisis y nos obliga a salir al frente de batalla para decirle a la sociedad qué está pasando. El periodismo es el primero que debe reaccionar en esos momentos complejos. Por eso, como escuchamos a menudo, siempre será un buen momento para ser periodista.

 

Datos del autor:

Saúl Trujano Mendoza, periodista, docente de la Escuela de Comunicación.