ENTRENAR PARA LA GUERRA O EDUCAR PARA LA PAZ

Ruta
Noticias
ENTRENAR PARA LA GUERRA O EDUCAR PARA LA PAZ

Por Montserrat Salomón

 

En el Día internacional para la Paz es oportuno reflexionar sobre la situación actual de nuestro mundo. En este día, el alto al fuego en todos los enfrentamientos activos es el principal llamado de la ONU, considerando que existen al menos 60, según sus números. Sin embargo, la paz no radica únicamente en discursos o en dinámicas que crean ganadores y perdedores, víctimas y victimarios. La paz debe hundirse con mayor profundidad en las raíces de las conciencias o simplemente no llegará.

 

En un mundo globalizado y en constate cambio, la vieja fórmula de “hacer la guerra para encontrar la paz” ha de tomarse con cuidado. En todos los rincones del orbe encontramos el renacer de nacionalismos –de derechas y de izquierdas- que inquietan por su virulencia y propuestas vacías. Populistas que enarbolan la bandera del odio manipulan a sus pueblos con promesas de retorno a un pasado que ya no existe. “Lo propio”, “lo nuestro” y “lo originario”, en contraposición de “lo otro”, “lo ajeno” y “lo diverso”. Dicotomías que dividen, enfrentan y prometen soluciones sencillas a problemas complejos.

 

La paz tiene grandes retos ante sí; el principal, superar esta visión individualista que busca vencer y sobresalir. Esta visión antepone el bien propio al bien común. En tiempos de crisis es nuestro primer instinto: primero yo. La pandemia nos mostró nuestros verdaderos colores. Los países ricos acapararon vacunas –que ahora caducan en sus anaqueles repletos- mientras que los países pobres fueron abandonados a su suerte. Las mutaciones del virus nos gritan que mientras no se controle este problema a nivel global, la emergencia no pasará. Sin embargo, nos negamos a escuchar porque nos domina el miedo y hemos sido entrenados para sobrevivir.

 

Agreguemos a este escenario los constantes desastres naturales producto del calentamiento de la Tierra. Este problema global ya nos trae pobreza y hambre, prometiendo agravarse al ser la causa de guerras por los insumos básicos para subsistir y de movilizaciones humanas nunca antes vistas. Nuevamente, se requeriría de una mirada amplia hacia el bien común para luchar contra esta amenaza planetaria, pero eso implicaría dejar de vernos el ombligo para ayudar a otros.

 

Y hablando de migración, los conflictos armados, la desigualdad, el hambre y la falta de oportunidades han hecho que los últimos años se destacaran por los millones de personas desplazadas en busca de poder vivir en paz. Se ha gestionado este fenómeno atendiendo a los síntomas y no a las causas. Se ha cerrado la puerta en las narices a las personas que buscan asilo, se han creado campos de refugiados y programas de repatriación… todo, menos atender al origen de la huida de estas familias. De nuevo, hace falta comprender que este fenómeno es global y requiere una mirada que corresponda y busque soluciones para todos.

 

 

Así, es justo decir que la paz no llegará mientras no cambiemos nuestra forma de pensar en los conflictos sociales, económicos y políticos. Los muros, las guerras y el egoísmo causan dolor, resentimiento y división. Los retos que tenemos ante nosotros requieren de colaboración internacional inmediata o nos precipitaremos en un nuevo siglo de cruentos enfrentamientos. Es momento de superar el individualismo y volver a pensar en términos de bien común. Es un camino largo puesto que implica educar para la paz, resistiéndose a escuchar los cantos de las sirenas que nos piden aplastar al otro para vivir un día más. Es un cambio de paradigma, es el camino de la paz.