Ciudad de México, 12 de junio de 2026.- La Universidad Panamericana ha consolidado un ecosistema institucional orientado a transformar el conocimiento científico y tecnológico en soluciones con impacto económico y social.
Este esfuerzo es impulsado de manera articulada por la Dirección Corporativa de Innovación y Transferencia, los Hubs Panamericanos de Emprendimiento, el Centro de Gestión de Propiedad Intelectual y el Centro de Prospectiva Tecnológica e Inteligencia Competitiva, integrando capacidades de investigación, protección de activos intangibles, emprendimiento y vinculación con la industria y, desde hace poco, si integró a este ecosistema al Centro de Innovación y Desarrollo Tecnológico (CINOV), como la entidad que busca unir las capacidades de investigación aplicada con las necesidades de la industria.
Gracias a este trabajo coordinado, la Universidad cuenta actualmente con un portafolio tecnológico de 50 activos de propiedad intelectual, conformado por 23 patentes concedidas y 24 registros de software, reflejo de una creciente capacidad para generar conocimiento con potencial de transferencia y comercialización.
El Mtro. Rodolfo Martínez Jiménez, coordinador corporativo de Propiedad Intelectual y Transferencia Tecnológica y representante en materia de innovación y transferencia en el CINOV, describe cómo éstas áreas se articulan para lograr que la investigación de los académicos de la Panamericana realmente logre impactar en la sociedad.

Una cultura que se construyó en seis años
Cuando el Mtro. Martínez Jiménez comenzó a trabajar en la protección de la propiedad intelectual dentro de la Panamericana, el camino no estaba del todo trazado. Hoy, después de seis años, el panorama es distinto. “Los investigadores tienen una muy buena conciencia y valoran mucho la protección de sus trabajos”, asegura.
Ese cambio de mentalidad no ocurrió solo. La universidad implementó instrumentos concretos para fomentarlo, entre ellos las denominadas Jornadas de Protección de la Propiedad Intelectual, que se realizan cada año en el segundo semestre, además de cursos y talleres a lo largo del ciclo escolar.
El resultado es una comunidad académica que, de manera creciente, entiende que proteger una invención no es un trámite burocrático, sino el primer paso para que su trabajo tenga impacto más allá del aula o el laboratorio.
Los errores que cuestan caro
Aunque la cultura de protección ha madurado, aún existen riesgos que pueden comprometer el potencial de una innovación. Rodolfo identifica dos errores que aún ocurren y que pueden tener consecuencias irreversibles: publicar antes de patentar, e iniciar trabajos de investigación y desarrollo sin un acuerdo de confidencialidad o colaboración.

Ambos pueden dejar una invención sin protección legal, despojando al investigador y a la institución de derechos que, de haberse actuado a tiempo, podrían haberse conservado.
La buena noticia, dice, es que el Centro de Gestión de la Propiedad Intelectual y una Oficina de Transferencia Tecnológica de la Universidad Panamericana ofrecen “un constante acompañamiento a los investigadores”, reduciendo el margen de error desde el inicio de cada proyecto.
¿Qué innovaciones pueden protegerse?
La protección de una invención no está reservada para grandes descubrimientos. Cualquier resultado de investigación aplicada y desarrollo tecnológico es susceptible de protección si cumple con tres requisitos básicos:
- Novedad: que sea algo diferente a lo conocido en el mundo.
- Actividad inventiva: que sea producto de la capacidad técnica y creativa del autor.
- Aplicación comercial: que esté orientado a resolver un problema o necesidad de la industria o de la sociedad.
En cuanto a la titularidad, la distribución es la siguiente: cuando el investigador es profesor de tiempo completo, le corresponden los derechos de invención (en el caso de patentes, modelos de utilidad y diseños industriales) o los derechos morales en el caso de software.
A la universidad, en cambio, le corresponde la titularidad de los derechos de explotación industrial para patentes, modelos de utilidad y diseños industriales, o los derechos patrimoniales tratándose de software.

Del laboratorio al mercado: un proceso con pasos definidos
Para quienes creen que proteger una invención implica navegar un laberinto jurídico sin mapa, Rodolfo ofrece claridad. La Panamericana cuenta con “todo un proceso institucional documentado y establecido con base en la política de propiedad intelectual y la política de transferencia de tecnología”.
Este proceso contempla seis etapas:
- Reporte de invención.
- Búsqueda de antecedentes tecnológicos.
- Evaluación de patentabilidad.
- Redacción de la solicitud.
- Presentación ante la autoridad correspondiente.
- Seguimiento hasta la concesión.
Que una tecnología llegue al sector productivo tampoco es casualidad. Según el Mtro. Martínez, significa que esa tecnología “ha pasado por un proceso sistematizado de gestión del conocimiento y/o la gestión de la protección de la propiedad intelectual, así como de un adecuado proceso de negociación para su licenciamiento o transferencia”, con el propósito de lograr para la universidad y sus inventores “un beneficio económico, social o ambiental, entre otros”.
El CINOV: donde la investigación se vuelve solución
El CINOV nace con tres células de investigación enfocadas en la industria agroalimentaria, la manufactura flexible y las tecnologías para la salud, áreas que, según Martínez Jiménez, no fueron elegidas al azar.
“Estas áreas coinciden con las líneas estratégicas de investigación de la Universidad Panamericana y eso permitirá que haya caminos comunes en cuanto a ciencia aplicada y desarrollo tecnológico”, explica.
La consecuencia directa es que los proyectos, publicaciones e invenciones que se generen dentro del centro tendrán “un alto potencial de incidir en trabajos que tiendan a ser transferidos para beneficio de la industria y de la sociedad en su conjunto”.
Para el investigador con una idea o un prototipo en mano, que no sabe qué hacer con él, el CINOV ofrece un punto de entrada concreto. El centro puede orientar para que el trabajo esté alineado a las áreas estratégicas establecidas, y facilita la colaboración con el Centro de Gestión de la Propiedad Intelectual y con el Centro de Prospectiva Tecnológica, “para que estos asesoren y complementen su trabajo”.
Un ciclo, no una línea recta
Para la Universidad Panamericana, la investigación, la propiedad intelectual y la transferencia tecnológica forman parte de un mismo ciclo de generación de valor.
La visión que articula tanto el Centro de Propiedad Intelectual como el CINOV se resume en una idea: “Investigar, proteger e impactar a la industria o a la sociedad en su conjunto, no son etapas aisladas, sino un ciclo continuo de generación de valor”, indica Rodolfo.
Además, añade: “La investigación que se hace en la UP, especialmente la que se gestiona en el CINOV, para que pueda considerarse completa, se debe proteger y se debe transformar en una solución real para la sociedad”. No basta con generar conocimiento. Hay que llevarlo hasta el final.




